La reunión entre el director de la CIA, John Ratcliffe, y Delcy Rodríguez en Caracas dejó al descubierto la debilidad en que quedó el régimen venezolano después de la captura de Nicolás Maduro. El encuentro, divulgado por The New York Times y luego corroborado por fuentes oficiales estadounidenses, tuvo lugar el jueves 15 de enero y llegó en un momento en que el mapa político regional ya había cambiado por completo.
Ratcliffe fue el funcionario de mayor rango enviado por Donald Trump para atender el expediente venezolano. Su visita coincidió con el recibimiento de María Corina Machado en la Oficina Oval, una señal política que marcó la distancia de Washington con la cúpula chavista. Mientras una figura de la oposición entraba en la agenda central de la Casa Blanca, Delcy Rodríguez recibía en Caracas a uno de los hombres clave del aparato de inteligencia estadounidense.
La conversación giró alrededor de cooperación económica, intercambio de inteligencia y la exigencia de que Venezuela deje de servir de refugio a adversarios de Estados Unidos, en especial narcotraficantes. En paralelo, la cita buscó proyectar una imagen de estabilidad después de la captura de Maduro, una operación que derrumbó el relato de poder intacto que el chavismo sostuvo durante años.
La CIA tuvo un papel central en esa captura. Maduro fue detenido en la madrugada del 3 de enero de 2026 durante la Operación Absolute Resolve, y la inteligencia acumulada durante meses permitió reconstruir con precisión su “patrón de vida”, según explicó en Mar-a-Lago el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto. Ese trabajo de seguimiento permitió ejecutar la operación con exactitud y reducir los riesgos.
La secuencia confirma el golpe político sufrido por una estructura que se sostuvo con represión, propaganda y alianzas oscuras. La reunión en Caracas mostró a un régimen acorralado, obligado a moverse bajo la presión de Washington y de una oposición venezolana que hoy gana espacio en el centro del tablero.

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