El régimen cubano anunció la sincronización al Sistema Eléctrico Nacional del parque solar fotovoltaico Rafael Reyes, en Santiago de Cuba, una obra que presenta como avance de su programa de transición energética. La instalación tiene una capacidad de 21.8 megawatts y, según la información divulgada por la prensa oficial, ya opera con siete inversores sincronizados.
Las autoridades la ubican como el segundo de cuatro parques previstos en la provincia oriental, dentro de una política inversionista que promete más generación renovable. En el papel, la apuesta luce como una salida ordenada a la crisis. En la práctica, el país sigue atrapado en la misma red de siempre: apagones largos, déficit de combustible y un sistema eléctrico al borde del colapso.
La propia dirección de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas admitió en la televisión estatal que la principal causa de las interrupciones es la falta de diésel para la generación distribuida. Lázaro Guerra Hernández reconoció que prácticamente no hay combustible para sostener ese soporte básico del SEN, una confesión que retrata la magnitud del desastre energético que el régimen intenta maquillar con inauguraciones parciales.
A ese cuadro se suman cuatro unidades termoeléctricas averiadas y otras dos en mantenimiento, lo que agrava una crisis que no da tregua. La Unión Eléctrica informó afectaciones nacionales por encima de los 1,900 megawatts durante el horario pico del domingo, con cortes extendidos por más de seis horas en varias provincias.
En La Habana, la afectación máxima llegó a 359 megawatts a las 6:20 de la tarde, y la capital quedó a oscuras desde las 6:39 p.m. hasta pasada la medianoche. La propia Empresa Eléctrica admitió que no pudo cumplir la programación prevista por la baja disponibilidad de generación base, una señal más de la precariedad que domina el sistema.
El parte nacional de este lunes reportó una disponibilidad de 1,360 megawatts frente a una demanda de 2,150, con un déficit que superó los 750 megawatts en las primeras horas del día y terminó en 1,905 al cierre de la jornada. Mientras la propaganda oficial insiste en hablar de independencia energética, la realidad sigue siendo la misma: un país sin luz estable, con inversiones parciales, averías crónicas y una escasez de combustible que desnuda la incapacidad del régimen para sostener los servicios más básicos.

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