La crisis eléctrica volvió a dejar a Cuba a oscuras en cuestión de horas. El Sistema Eléctrico Nacional estuvo afectado durante las 24 horas del miércoles y alcanzó una máxima afectación de 1832 MW a las 6:30 de la tarde, según el parte de la Unión Eléctrica. Aunque el servicio se restableció por completo a las 2:35 de la madrugada, a las 4:11 de este jueves los apagones regresaron con la misma brutalidad de siempre.
A las 6:00 de la mañana, la disponibilidad del SEN era de apenas 1350 MW frente a una demanda de 1870 MW, lo que dejó 550 MW afectados desde temprano. Para el mediodía, la propia UNE calculó una afectación de 1050 MW, una cifra que confirma el derrumbe sostenido del sistema y la incapacidad del régimen para sostener un servicio básico en todo el país.
El desastre sigue alimentado por roturas y mantenimientos que exprimen una infraestructura agotada. Seis unidades permanecen fuera de servicio por averías en las termoeléctricas Mariel, Santa Cruz, Nuevitas, Felton y Antonio Maceo. A eso se suman tres unidades en mantenimiento en Santa Cruz y Carlos Manuel de Céspedes. Solo por limitaciones en la generación térmica, 420 MW quedaron fuera de servicio, señal clara del deterioro acumulado de plantas usadas hasta el límite, sin inversiones estructurales reales.
Para el pico nocturno, la UNE anunció la posible entrada de varias unidades en Santa Cruz, Renté y la patana de Melones, pero también adelantó la salida por mantenimiento de la unidad de la CTE Guiteras durante 96 horas. Con ese panorama, la disponibilidad total apenas llegaría a 1385 MW ante una demanda máxima de 3150 MW. El déficit previsto sería de 1765 MW y la afectación real podría subir hasta 1795 MW en el horario de mayor consumo.
Ni siquiera la expansión solar logra aliviar el colapso. Los 49 nuevos parques fotovoltaicos produjeron 1929 MWh y alcanzaron una potencia máxima de 284 MW al mediodía, una contribución insuficiente frente a un déficit que supera con holgura los 1700 MW. La supuesta salida energética del régimen sigue sin tocar el fondo del problema: Cuba continúa atada a un sistema eléctrico quebrado, sin respaldo y sin capacidad real de respuesta.
En La Habana, la Empresa Eléctrica informó que el miércoles el servicio estuvo interrumpido durante 14 horas y 35 minutos. La máxima insuficiencia fue de 296 MW a las 6:30 de la tarde, y por emergencia se afectaron 80 MW. La propia empresa advirtió que, si no mejora la disponibilidad del SEN, se impondrán nuevas afectaciones por contingencia energética sin horarios previstos.
Detrás de cada parte técnico hay una realidad conocida por millones de cubanos: noches sin sueño, comida que se pierde, ventiladores apagados, ancianos sofocados, niños sometidos al calor y trabajadores obligados a sobrevivir entre la incertidumbre y el desgaste. En buena parte del país, los apagones superan con frecuencia las 20 horas diarias y han convertido la vida común en una rutina de castigo.
El colapso energético responde a décadas de abandono, mala gestión y propaganda vacía. El régimen ha vaciado de futuro el sistema eléctrico y mantiene a la población pagando el costo de su desastre administrativo. Mientras el poder repite explicaciones y promete alivios, la gente sigue en tinieblas.
La UNE reconoció nuevas afectaciones en el SEN tras un breve alivio. Cuba vuelve a cargar con apagones de más de 1700 MW y un sistema al borde del colapso.[8][

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