Díaz-Canel admite riesgo de apagón energético y pide “resistir”

El régimen volvió a colocar a Cuba al borde de una nueva emergencia energética. Miguel Díaz-Canel admitió que la isla se prepara para un escenario de desabastecimiento agudo de combustible y abrió la puerta a medidas de choque parecidas a la llamada “opción cero”, la fórmula extrema que Fidel Castro impuso en los años 90 durante el período especial.

El mensaje fue el de siempre: sacrificio para abajo, privilegios para arriba. “No soy idealista, vendrán tiempos difíciles”, dijo el gobernante, mientras pedía a los cubanos “resistir de manera creativa”. También aseguró que el aparato de poder ya actualizó directrices para responder a una eventual paralización energética y prometió que en los próximos días ministros y viceministros explicarán cómo quedará la situación.

La admisión confirma lo que millones de cubanos ya viven en carne propia: un país sin colchón, sin reservas y sometido a una crisis fabricada por el fracaso del modelo castrista. Díaz-Canel insistió en que la “opción de rendirse” no existe para Cuba, una frase que resume la lógica del régimen: exigir aguante a una población agotada mientras el poder evita asumir responsabilidades por décadas de ruina económica.

En su propia intervención, el gobernante reconoció que desde diciembre no entra combustible al país. La mayor parte del petróleo que consume Cuba es importado. Según precisó Jorge Piñón, director del programa de Energía para Latinoamérica y el Caribe de la Universidad de Texas, el consumo diario ronda los 100.000 barriles; de ellos, la isla produce unos 40.000 de crudo pesado y del resto, más de la mitad, unos 35.000, llegaban desde Venezuela.

La gravedad del cuadro es evidente. Expertos citados en el debate alertan de que Cuba podría quedarse sin petróleo en cuestión de semanas, con un impacto inmediato sobre el transporte público, las escuelas, las fábricas y toda la vida cotidiana. El régimen, entretanto, sigue hablando de gestiones, almacenamiento, producción nacional y fuentes alternativas como el sol, el agua y la biomasa, un lenguaje que suena a promesa vieja en medio de un derrumbe real.

También anunció que cada territorio tendrá que autoabastecerse. “Vamos a comer lo que se produzca en cada lugar. Sin combustible la comida no puede ir de un lado para el otro”, dijo. La frase retrata el nivel de precariedad que la dictadura quiere normalizar: menos movilidad, menos abastecimiento y más aislamiento para una población que ya carga con apagones, escasez y desorden en toda la cadena de distribución.

La intervención, que se extendió por dos horas sin ofrecer una salida concreta, desató una oleada de comentarios de rechazo en redes sociales. Cubanos dentro y fuera de la isla denunciaron que el régimen vuelve a vender resistencia mientras la gente se hunde en la miseria. Un investigador y periodista independiente, José Raúl Gallego, escribió que el problema solo terminará cuando el poder deje de preservar sus privilegios a costa de la vida de los cubanos.

En medio de esa crisis, Díaz-Canel también habló de conversaciones con Estados Unidos. Dijo que La Habana está dispuesta a dialogar sobre “cualquier tema”, pero “sin condiciones”, “sin presiones ni condicionamientos previos” y sin tocar lo que el régimen considera “injerencia” en sus asuntos internos. No confirmó ni negó si hay conversaciones en curso.

Funcionarios estadounidenses han señalado que sí existen negociaciones con La Habana. El viceministro de Exteriores Carlos Fernández de Cossío dijo en CNN que no hay un “diálogo establecido”, aunque sí intercambios “al más alto nivel”. A eso se suma el golpe que recibió el andamiaje regional de La Habana tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas, un giro que fracturó la relación con Venezuela y dejó al régimen cubano todavía más expuesto.

La dependencia energética de Caracas fue durante años una tabla de salvación para la isla. Díaz-Canel admitió que en el presente ya no lo es. Y aunque habló de futuro y de construcción desde la situación actual, la realidad que salió de su propia intervención es otra: Cuba se acerca a otra etapa de penuria, con un régimen que pide resistencia mientras se agotan el combustible, la paciencia y las salidas.

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