La Unión Eléctrica informó este fin de semana una reducción ligera en la afectación por apagones, después de varias semanas marcadas por déficits extremos de generación y cortes prolongados en todo el país. El dato alivia apenas el parte diario, pero no cambia la realidad de fondo: el sistema eléctrico sigue roto y la población continúa atrapada en la misma oscuridad que el régimen ha normalizado.
En su informe de este domingo 8 de febrero, la UNE reconoció que el sábado el servicio estuvo afectado durante 18 horas y 55 minutos por falta de capacidad. La electricidad se restableció pasada la medianoche, pero a las 5:23 de la mañana la afectación volvió. La máxima falta de generación registrada fue de 1,536 megawatts a las 6:20 de la tarde, una cifra que deja al desnudo la magnitud del desastre energético.
La mañana de este domingo, el sistema mostraba una disponibilidad de 1,280 MW frente a una demanda de 1,740 MW, para un déficit de 490 MW. Para el mediodía, la propia empresa estatal estimó una afectación mayor, de 900 MW. Ese descenso momentáneo respecto a jornadas previas no borra la verdad central: Cuba sigue sin respaldo suficiente para sostener un servicio eléctrico mínimamente estable.
Las causas son las mismas que han empujado al país a este punto. El sistema eléctrico nacional arrastra averías, mantenimientos prolongados y limitaciones técnicas en la generación térmica que el régimen no ha resuelto. Permanecen fuera de servicio por roturas cuatro unidades termoeléctricas de las CTE Mariel, Santa Cruz del Norte, Felton y Antonio Maceo. A eso se suman dos bloques en mantenimiento en Nuevitas y en la Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. La generación térmica, además, carga con una limitación de 490 MW que no pueden incorporarse al sistema.
Para el horario pico de la noche, la UNE anunció la recuperación de 70 MW en la unidad uno de Felton, la incorporación de cuatro motores de la patana de Regla con 30 MW y otros seis motores en Moa para sumar 84 MW. Aun con esos refuerzos, la disponibilidad estimada sería de 1,464 MW frente a una demanda máxima de 2,980 MW. El resultado seguiría siendo un déficit superior a 1,500 MW y otra jornada de apagones prolongados para los consumidores.
La empresa estatal también señaló que los 49 nuevos parques solares fotovoltaicos produjeron más de 3,300 MW/h en la jornada, con una entrega máxima cercana a 600 MW al mediodía. Ese aporte ayuda a aliviar la carga durante el día, pero no resuelve el fondo del problema ni sustituye la generación térmica destruida por años de abandono, improvisación y falta de inversión real.
Que este fin de semana los apagones hayan sido algo menores que en días anteriores solo ofrece una pausa dentro de una crisis energética profunda. Cuba sigue pagando las consecuencias de un modelo ineficiente que el régimen ha administrado con parches, propaganda y promesas vacías, mientras deja al país sin respaldo técnico ni combustible suficiente para sostener un servicio básico.
La vida cotidiana de los cubanos sigue marcada por la incertidumbre. Los partes cambian, los apagones permanecen, y la cuenta final la paga siempre la gente, sometida a un sistema eléctrico destruido por la incapacidad del Estado para planificar, mantener y modernizar una infraestructura de la que depende toda la nación.

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