El turismo en Cuba vuelve a chocar contra la realidad de la escasez. Varios hoteles de Cayo Santa María, Cayo Coco y Varadero han cerrado temporalmente y sus huéspedes fueron trasladados sin costo a instalaciones de mayor categoría, en una maniobra de emergencia que exhibe el deterioro operativo de la industria turística bajo el régimen. La medida responde al desabastecimiento y a la caída brusca en el suministro de recursos, con suspensión de actividades en complejos como Resonance Cayo Santa María, Resonance Blu Santa Lucía y Domina Varadero.
La Asociación de Turoperadores de Rusia informó que la reubicación de los visitantes también busca evitar cancelaciones masivas y amortiguar el golpe sobre la experiencia de viaje. En ese esquema, los turistas del Hotel Mojito, en Cayo Coco, fueron enviados al Sol Cayo Coco; los del Hotel Tuxpan, en Varadero, pasaron al Starfish Varadero; y los huéspedes del Hotel Costa Sur serán movidos al Club Amigo Ancón. La cadena Cubacan y el operador ITM Group confirmaron estos traslados, mientras el Memories Paraiso Azul Beach Resort, en Cayo Santa María, anunció cierre hasta el 1 de noviembre.
La crisis no se limita a las habitaciones vacías. También alcanza la operación aérea, donde el combustible escasea de forma alarmante. La Administración Federal de la Aviación de Estados Unidos informó que los nueve aeropuertos internacionales más importantes de la isla agotaron sus reservas de Jet A1, el combustible más usado en la aviación comercial, y advirtió que no habrá disponibilidad entre el 10 de febrero y el 10 de marzo. La Habana, Varadero, Holguín, Santa Clara, Cayo Coco, Camagüey, Cienfuegos, Santiago de Cuba y Manzanillo quedaron atrapados en esa restricción.
Las aerolíneas ya empezaron a tomar medidas. Aeroflot ajustó sus horarios hacia La Habana y Varadero y frenó temporalmente la venta de boletos a la isla. Iberia, por su parte, abrió condiciones flexibles para que los pasajeros cambien voluntariamente sus vuelos. Air Europa dispuso una escala técnica en Santo Domingo para repostar en sus rutas entre Madrid y La Habana, una solución improvisada que refleja hasta qué punto la falta de combustible altera la conectividad con Cuba.
La imagen que deja este nuevo episodio es la de un país que intenta sostener su vitrina turística mientras se le desmorona por dentro la logística básica. ATOR estimó que entre 4.200 y 4.700 turistas rusos se encuentran actualmente en Cuba, y los operadores se apresuran a coordinar cambios para evitar daños mayores. Pero el problema de fondo permanece intacto: sin suministros, sin combustible y con servicios cada vez más frágiles, el régimen expone otra vez la precariedad de su modelo y el costo real de su incapacidad para garantizar lo elemental.

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