Cuba rozará un déficit eléctrico de 1.800 MW y los apagones seguirán

La Unión Eléctrica volvió a confirmar este 17 de febrero de 2026 que Cuba sigue metida en una crisis eléctrica sin salida visible: el Sistema Eléctrico Nacional arrastró afectaciones durante las 24 horas previas y, para el horario pico de la noche, se esperaba un déficit de 1.760 megawatts, con apagones de hasta 1.790 MW si se mantenían las condiciones previstas.

La cifra no describe un tropiezo pasajero. Habla de un país donde lo básico dejó de estar garantizado y donde la vida cotidiana depende de una red que ya no alcanza para sostener la demanda. A las 6:00 de la mañana, la disponibilidad del sistema era de 1.250 MW frente a una demanda de 2.220 MW, con 968 MW afectados desde temprano. Desde el inicio del día, el colapso ya estaba encima de los hogares cubanos.

La propia nota oficial reconoció que la máxima afectación del lunes llegó a 1.793 MW a las 7:10 de la noche, justo en el tramo de mayor consumo. Esa marca resume la magnitud del derrumbe energético que castiga a casas, centros de trabajo, hospitales y servicios esenciales en toda la isla. El régimen administra el apagón como rutina, pero para la población sigue siendo castigo diario, pérdida de alimentos, interrupción del estudio y del trabajo, y un desgaste que no se detiene.

El parte técnico repite el mismo patrón de fragilidad que lleva años hundiendo el sistema. Hubo averías en la Unidad 5 de la CTE Mariel, la Unidad 2 de la CTE Santa Cruz, la Unidad 2 de la CTE Felton y las Unidades 5 y 6 de la CTE Antonio Maceo. También permanecían en mantenimiento la Unidad 6 de la CTE Mariel, la Unidad 5 de la CTE Nuevitas y la Unidad 4 de la CTE Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. A eso se sumaban 414 MW fuera de servicio por limitaciones en la generación térmica.

La apuesta por la energía solar tampoco alcanza para tapar el hueco. Los 50 nuevos parques solares fotovoltaicos produjeron 3.771 MWh en la jornada anterior y llegaron a una potencia máxima de 721 MW al mediodía. El dato sirve para mostrar un alivio parcial durante las horas de sol, pero deja intacto el problema de fondo: cuando cae la noche, el sistema vuelve a depender de una estructura rota que no logra responder.

Para tratar de contener el déficit previsto, la UNE anunció la entrada de seis motores en la central Fuel Moa, con 85 MW, y siete motores de Fuel en Mariel, con 105 MW adicionales. La suma sigue quedando muy por debajo de lo necesario. Cuba continúa atrapada en un esquema eléctrico precario, sostenido por parches, averías y mantenimientos que no resuelven la falta de capacidad real.

El resultado cae de lleno sobre la gente. Los apagones prolongados desordenan la vida familiar, dañan la comida, frenan el estudio y paralizan cualquier intento de trabajo estable. La crisis energética ya no admite excusas ni maquillajes: es una muestra directa del fracaso de un sistema incapaz de garantizar un servicio elemental en un país agotado por la escasez y la improvisación oficial.

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