La minera canadiense Sherritt International Corporation reducirá sus operaciones en Moa, Holguín, y detendrá su planta de procesamiento en los próximos días por la escasez de combustible en Cuba. La empresa confirmó además que las entregas previstas para esa zona no se cumplirán y que, por ahora, no existe fecha clara para reanudarlas.
El golpe llega en el peor momento para una economía que el régimen ha dejado sin respuestas reales frente al colapso energético. Moa, uno de los enclaves industriales más sensibles del país, vuelve a quedar atrapada en la misma cadena de fallas que paraliza transporte, producción y servicios básicos, mientras La Habana improvisa salidas parciales y temporales para sostener lo que todavía no se ha detenido por completo.
Sherritt dijo que aprovechará la pausa para hacer mantenimiento planificado, pero el fondo del asunto es otro: la empresa quedó a merced de una crisis de suministro que ya no se puede maquillar. También admitió que está hablando con sus contrapartes y evaluando todas las opciones para conseguir insumos, una señal clara de incertidumbre en medio de la asfixia energética que atraviesa la Isla.
La compañía aclaró que su refinería de Fort Saskatchewan, en Canadá, no enfrenta un impacto inmediato y que mantiene producción de níquel y cobalto para la venta. En Cuba, en cambio, el negocio energético de Energas S.A. sigue según lo planificado, al menos por ahora, lo que deja ver el contraste entre una operación que todavía se sostiene y otra que ya empieza a ceder por falta de combustible.
El derrumbe energético empuja al régimen a medidas cada vez más improvisadas. Este lunes trascendió que La Habana habría permitido a empresas privadas importar combustible para aliviar la escasez, mientras también circuló la versión de que Estados Unidos consideraba enviar pequeñas cantidades de gas para cocinar y diésel para sostener la infraestructura hidráulica. La propia información deja al descubierto la magnitud del fracaso oficial: un país que depende de parches, gestiones opacas y soluciones de emergencia para evitar un colapso mayor.
La crisis también refleja el deterioro de la red de alianzas que durante años sostuvo al aparato energético cubano. El régimen había cubierto buena parte de sus necesidades con suministros de Venezuela y México, pero los flujos se han roto o debilitado, y la Isla ha entrado en una etapa de escasez sin precedentes. Mientras tanto, la dirigencia insiste en defender su sistema de partido único y sigue sin ofrecer un rumbo económico serio.
En ese vacío, cada planta que se detiene, cada entrega que no llega y cada operación que se recorta terminan pagando el costo los cubanos de a pie. Menos combustible significa menos producción, menos transporte, más apagones y más desgaste para un país que ya vive al límite. Moa vuelve a ser una muestra concreta de lo que ocurre cuando el régimen administra la crisis sin resolverla.

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