José Daniel Ferrer dijo que apoyaría una operación de fuerza contra Miguel Díaz-Canel y Alejandro Castro Espín si el régimen no acepta una salida negociada hacia una transición en Cuba. El líder de la UNPACU, ahora refugiado en Miami, dejó claro que su primera opción sigue siendo el diálogo, pero colocó sobre la mesa el extremo al que empuja la represión cuando un poder se cierra y condena al país a más hambre, prisión y miedo.
En entrevistas con EFE y AFP, Ferrer acusó a ambos dirigentes de cargar con “muchos crímenes” y de ser responsables de muertes que, según él, siguen ocurriendo en las cárceles y en las calles por hambre. Su denuncia golpea el corazón del sistema: el castrismo conserva el control mientras la población paga el costo de una crisis que ya se expresa en vidas perdidas, presos políticos y una represión que no afloja.
Ferrer fue más lejos al decir que, si el drama cubano se agrava, estaría dispuesto a aplaudir una acción “al estilo venezolano” que obligue a mover el tablero dentro de la isla. Pero puso condiciones precisas: liberación inmediata de los presos políticos, fin de la represión y garantías para elecciones libres y plurales. En esa postura queda claro el dilema que el régimen intenta esquivar: sin desmontar el aparato represivo, cualquier transición sería una máscara más del mismo poder.
El opositor también describió un país con más descontento, más protestas abiertas y una juventud que empieza a perder el miedo. Ese retrato encaja con una Cuba agotada por la escasez, el castigo político y la permanencia de una cúpula que sigue aferrada al mando mientras la calle resiente el derrumbe de lo básico. La presión ya no viene solo del exilio ni de Washington; nace también del desgaste diario dentro de la isla.
Ferrer vinculó además la salida cubana con la estrategia de máxima presión de Estados Unidos y con el distanciamiento de aliados como China y Rusia, a los que ve tomando distancia. Respaldó que Washington siga apretando a quienes abastecen al régimen con petróleo y combustible, porque ese soporte mantiene en movimiento la maquinaria que sostiene la represión.
En su juicio, el poder en La Habana opera con reservas y maniobras para ganar tiempo, pero no con fortaleza real. Su pronóstico de que el régimen no resistirá mucho más tiempo retrata una estructura que se presenta como invulnerable mientras depende del control policial, la propaganda y la coerción para sobrevivir.
Ferrer llegó a Miami en octubre pasado como refugiado político tras un acuerdo entre los gobiernos de Cuba, Estados Unidos y el Vaticano. Desde allí volvió a hablar con una crudeza que el régimen no consigue apagar: la de un país donde la cerrazón del poder ha vuelto imaginable hasta lo que nadie quisiera desear.

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