Dos buques de la Armada mexicana partieron de Veracruz con 1.193 toneladas de ayuda para Cuba, en un nuevo alivio que llega mientras la isla sigue atrapada entre la falta de combustible, la escasez de alimentos y el golpe de las sanciones energéticas de Estados Unidos. El envío confirma hasta qué punto el régimen de La Habana depende de parches externos para sostener un país que no logra alimentar ni mover por su cuenta.
La Cancillería mexicana anunció que el Papaloapan y el Huasteco transportan frijol, leche en polvo y otras raciones básicas. El paquete incluye también 23 toneladas reunidas por organizaciones sociales con respaldo del gobierno de Ciudad de México. Se trata del segundo envío humanitario de México a la isla en lo que va de año.
En febrero, México había mandado más de 814 toneladas de alimentos e insumos de higiene, mientras seguían las conversaciones sobre la reanudación del suministro de petróleo. Pero el flujo se frenó a mediados de enero, justo antes de que Donald Trump endureciera el embargo económico contra La Habana y amenazara con aranceles a los países que le vendan crudo.
El cuadro de fondo es el mismo que arrastra la crisis cubana: Venezuela dejó de sostener a la isla con sus envíos de petróleo después del ataque de Washington contra ese país a comienzos de enero y del arresto de su líder. Cuba solo produce el 40% del combustible que necesita, una fragilidad que el régimen ha convertido en rutina nacional y que deja a la población pagando el costo en apagones, transporte roto y más desabastecimiento.
Rusia y China han condenado las medidas estadounidenses, pero su respaldo ha sido básicamente simbólico. En la práctica, La Habana sigue dependiendo de auxilios puntuales y de la buena voluntad de otros gobiernos para tapar una crisis que el castrismo no ha sabido resolver ni con petróleo, ni con producción, ni con gestión.

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