Equipo de Rubio tantea alivio de sanciones con un Castro

Un consejero del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, habló con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, sobre un posible alivio gradual de sanciones a Cuba durante la cumbre de la Comunidad del Caribe en San Cristóbal y Nieves, según reveló este jueves el Miami Herald. La conversación, descrita por fuentes anónimas, expone que Washington volvió a mover piezas sensibles alrededor de la isla sin pasar por los canales oficiales del régimen.

El reporte sitúa el intercambio en un hotel cercano a la cumbre y lo vincula con una negociación política de fondo: ofrecer un desahogo paulatino de las sanciones a cambio de cambios en la isla. Según las fuentes citadas por el diario de Florida, la discusión se desarrolló bajo la idea de revisar el alivio “mes a mes”, una fórmula que deja claro que la presión económica sigue siendo parte central de la mesa.

La figura de Rodríguez Castro, presentado como cuidador del exmandatario, no es un detalle menor. El propio reportaje sostiene que esos contactos eluden los canales oficiales del Gobierno cubano y refuerzan la lectura de que Washington ve a Raúl Castro, ya fuera de la presidencia, como el verdadero centro de poder en la isla. Esa es la radiografía más cruda del sistema: una estructura opaca, sin institucionalidad real, donde el peso político sigue atado al apellido y al control familiar del poder.

Mientras tanto, La Habana salió a negar la información. El representante cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, dijo a EFE que todo era “especulación” y aseguró que el régimen se guía por “hechos públicos y verificables”. La respuesta no despeja nada. Solo confirma la costumbre del aparato oficial de refugiarse en la opacidad cuando se habla de negociaciones que afectan el bolsillo del país y la vida diaria de los cubanos.

La conversación reportada por el Herald coincidió con anuncios de la OFAC y la BIS para autorizar ciertas operaciones vinculadas con petróleo y gas hacia el sector privado en Cuba, bajo condiciones específicas. Ese movimiento, junto con el debate sobre sanciones, vuelve a colocar sobre la mesa la crisis energética y la asfixia económica que arrastra la isla, con un régimen incapaz de sostener su modelo sin parches externos ni concesiones cruzadas.

Un diplomático caribeño citado por el diario aseguró que Rubio dejó claro que las conversaciones con el Gobierno cubano estaban “muy avanzadas”, aunque sin intención de prolongar al régimen. En paralelo, Trump ha endurecido la presión sobre Cuba tras la intervención estadounidense en Venezuela que llevó a la captura de Nicolás Maduro y al corte del crudo venezolano hacia la isla. El mensaje político es directo: la energía, las sanciones y la supervivencia del castrismo siguen atadas a decisiones que se toman fuera de Cuba porque dentro no existe una salida institucional creíble.

El asunto importa porque confirma hasta qué punto la cúpula cubana sigue intentando negociar alivio sin abandonar el control absoluto del país. Cualquier movimiento que afloje la presión económica sin exigir cambios políticos reales termina sosteniendo a la misma estructura que ha hundido la economía, vaciado la vida productiva y condenado a los cubanos a otra ronda de dependencia y escasez.

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