Un dron kamikaze Shahed 136 impactó contra un radar de Estados Unidos en Baréin y dejó en evidencia otra vuelta de tuerca en la escalada militar que sacude Oriente Medio tras los ataques de Washington y Tel Aviv contra Irán. El video del golpe fue difundido por la agencia Mehr, y la escena confirma que el conflicto ya golpea intereses norteamericanos fuera del frente principal.
El dato importa por la naturaleza del blanco: un radar costoso, parte del dispositivo militar estadounidense en la zona. El ataque no solo exhibe la capacidad de respuesta iraní, también muestra cómo la guerra se ensancha y amenaza con arrastrar a más países y bases al centro de la confrontación. Cada golpe de este tipo eleva el precio político y militar de una ofensiva que ya desbordó el cálculo inicial de sus promotores.
En medio de esa espiral, la publicación del video funciona además como mensaje. Irán enseña que puede alcanzar instalaciones sensibles de Estados Unidos y responde en el terreno donde Washington quiso imponer superioridad con bombardeos. La consecuencia inmediata es más tensión, más riesgo para las tropas desplegadas y más incertidumbre para toda la región.
Para Cuba, el episodio tiene lectura propia. El régimen ha intentado presentarse como vocero de la denuncia contra la agresión a Irán, alineando su propaganda con una causa externa mientras la isla sigue hundida en apagones, escasez y represión interna. La vieja costumbre de La Habana es clara: levantar banderas ajenas para desviar la atención de sus fracasos domésticos y de la crisis que castiga a los cubanos todos los días.
Mientras el aparato oficial busca capital político en la condena a Washington, la realidad cubana sigue marcada por un Estado incapaz de garantizar servicios básicos, pero siempre dispuesto a hacerse presente en cada choque internacional que le sirva para alimentar su narrativa. El contraste deja al descubierto una vez más dónde pone el régimen sus prioridades: fuera de Cuba, en la épica importada; dentro de Cuba, en el control, la propaganda y el abandono.
Un dron Shahed 136 golpeó un radar estadounidense en Baréin y elevó la tensión regional. El régimen cubano aprovecha la escalada para su propaganda antiestadounidense.[18][

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