María Elvira Salazar volvió a apuntar directo contra La Habana y llamó “dictadura brutal” al régimen cubano, al que acusó de haber dejado una estela de hambre, oscuridad y exilio durante más de seis décadas. Sus mensajes en X circularon el mismo día en que Donald Trump habló de conversaciones con el régimen y dejó abierta la posibilidad de una “toma amistosa” de Cuba.
La congresista cubanoamericana sostuvo que el poder en la Isla está “acorralado” y describió al castrismo como un sistema que ha torturado a opositores, encarcelado a pastores, reprimido a manifestantes pacíficos y condenado a generaciones enteras al destierro y la miseria. En otra publicación, remató la idea con una frase que resume bien la podredumbre del modelo: “no gobierna: somete”, “no protege: reprime” y “no ofrece futuro: lo confisca”.
El mensaje no se queda en una provocación política de redes. Pone otra vez sobre la mesa el costo real de una dictadura que ha hecho de la escasez, los apagones y el exilio parte de la vida cotidiana de los cubanos. Cuando una legisladora del sur de la Florida habla de hambre y oscuridad, está describiendo el resultado humano de un sistema que se sostiene sobre control, castigo y miedo.
Salazar también vinculó la presión sobre el régimen con la gestión de Trump y el papel del secretario de Estado Marco Rubio. El presidente estadounidense aseguró que el Gobierno cubano “está hablando” con Washington, dijo que atraviesa serios problemas económicos y afirmó que Cuba “no tiene dinero”. En ese mismo intercambio, dejó caer una frase ambigua sobre una posible salida “amistosa”, sin ofrecer detalles.
En paralelo, trascendió que asesores cercanos a Rubio se reunieron con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, durante la cumbre anual de CARICOM en Basseterre, San Cristóbal y Nieves. El Nuevo Herald y la agencia EFE confirmaron el encuentro, que coloca de nuevo a la cúpula castrista en la mesa de las conversaciones que Washington mueve con cautela mientras el régimen intenta ganar aire.
La secuencia deja al desnudo la fragilidad de una maquinaria política que ha sobrevivido a punta de represión y opacidad, mientras la Isla se hunde en escasez, apagones y éxodo. También confirma que la crisis cubana ya no se puede mirar como un simple pulso diplomático: detrás está el fracaso de un sistema incapaz de dar comida, luz, libertad y futuro.

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