Washington volvió a colocar a Cuba en el centro del tablero político con señales de un posible acuerdo económico que, según USA Today, podría anunciarse pronto. La información cita a dos fuentes del Gobierno estadounidense y apunta a una negociación que abarcaría viajes, puertos, energía, turismo y hasta la posible eliminación de algunas sanciones contra La Habana.
El dato más delicado del reporte es que una eventual flexibilización de las restricciones para viajar a la Isla podría salir adelante sin pasar por el Congreso. Eso abriría la puerta a un alivio de presión sobre el régimen justo cuando la economía cubana sigue hundida y el poder en La Habana busca oxígeno donde pueda encontrarlo.
Las conversaciones, además, no se limitarían al comercio. De acuerdo con lo publicado, también se ha puesto sobre la mesa una presunta vía de salida para Miguel Díaz-Canel, mientras la familia Castro permanecería en el país. En cualquier negociación de ese tipo, el mensaje político importa tanto como el económico: Washington estaría tanteando una fórmula para reordenar el reparto interno del poder sin tocar la estructura que sostiene a la dictadura.
El reportaje también recoge que estas discusiones llevan semanas circulando en medios estadounidenses. Axios informó que el secretario de Estado, Marco Rubio, estaba en contacto con miembros de la cúpula castrista, específicamente Raúl Guillermo Rodríguez, nieto predilecto de Raúl Castro. La cadena de versiones confirma que el asunto dejó de ser rumor de pasillo y entró en terreno de conversaciones reales, aunque todavía sin detalles públicos suficientes.
Donald Trump, por su parte, ha venido alimentando el tema en varios actos recientes. La semana pasada aseguró que los exiliados cubanos de Miami podrán regresar pronto a la Isla y sostuvo que el régimen terminará cayendo. También dijo que los comunistas de La Habana “tienen tantas ganas de llegar a un acuerdo” y volvió a insistir, en una cumbre en Florida, en que la dictadura está en sus últimos momentos.
Para Cuba, esa movida tiene una lectura inmediata: cualquier relajación de sanciones o de controles de viaje cae sobre un país donde el aparato del poder ha usado durante décadas el bloqueo interno, la represión y el control económico como muleta política. Si el régimen consigue alivio sin cambios de fondo, gana tiempo; si el acuerdo se concreta con concesiones unilaterales, el costo puede terminar pagándolo de nuevo la población, que no ve reflejado ese tipo de aperturas en más libertad ni en una vida menos miserable.
Trump insistió además en que el régimen está negociando con él y con Rubio, aunque sin ofrecer más detalles. En la práctica, la señal es clara: Cuba volvió a entrar en la agenda de Washington y el castrismo, acorralado por su ruina, trata otra vez de convertir su debilidad en carta de negociación.

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