UNE prueba baterías en Cotorro mientras siguen los apagones

La Unión Eléctrica arrancó en Cotorro, La Habana, las pruebas con carga del primer sistema de baterías para almacenar energía en Cuba, en medio de una crisis eléctrica que sigue castigando a la capital y al resto del país. El ensayo forma parte de un plan mayor que prevé cuatro instalaciones de este tipo, con una capacidad total de 200 megavatios, pero llega cuando los apagones prolongados y los colapsos del Sistema Eléctrico Nacional siguen marcando la vida diaria de millones de cubanos.

La maniobra fue presentada como un paso para estabilizar la red y reducir los disparos automáticos de frecuencia, uno de los síntomas más visibles del deterioro del sistema. Cada uno de los llamados Sistema de Almacenamiento de Energía en Baterías, o BESS, tendrá 50 megavatios de capacidad y podrá acumular electricidad para liberarla cuando la red lo necesite, sobre todo en momentos de fluctuación o déficit de generación.

La explicación técnica confirma algo que el cubano ya vive sin necesidad de discursos oficiales: la red está al límite. Los baterías están diseñadas para reaccionar en fracciones de segundo, absorber o inyectar energía y evitar oscilaciones que terminan en apagones o averías. También permitirían aprovechar mejor la electricidad de los parques solares, guardando los excedentes del día para soltarlos cuando sube la demanda o cae la producción renovable.

La propia información difundida por la UNE admite que para cada 1,000 megavatios generados por parques fotovoltaicos hacen falta al menos 100 megavatios de regulación mediante baterías. Ese dato deja claro el tamaño del problema: el régimen empuja la expansión solar mientras arrastra una infraestructura vieja, golpeada por años de abandono, falta de mantenimiento y escasez de combustible.

Las primeras instalaciones comenzaron a montarse en agosto de 2025 en cuatro subestaciones del país, entre ellas Cueto 220, Bayamo 220, Cotorro 220 y Habana 220. Las autoridades también hablan de aplicaciones en municipios capitalinos como Guanabacoa, Cotorro y Boyeros, y presentan a Holguín como un “laboratorio de vanguardia” para esta tecnología. Pero incluso ese relato optimista deja intacto el punto central: las baterías ayudan a contener el golpe, no a resolver el fondo de la crisis.

El propio reporte reconoce que estas inversiones no eliminan el déficit de generación que sufre Cuba. Y ese déficit se expresa en cifras brutales: la UNE habló de una demanda nacional de 3,050 megavatios frente a una disponibilidad de apenas 1,195, un hueco cercano a los 1,855 megavatios. En la práctica, eso significa más oscuridad, más horas sin servicio y más presión sobre familias, hospitales, centros de trabajo y barrios enteros.

La crisis energética ha cruzado además a la calle. En La Habana, vecinos de municipios como Marianao y Arroyo Naranjo salieron de noche con cacerolas y fogatas para protestar por los cortes eléctricos que se prolongan durante buena parte del día y la madrugada. La reacción ciudadana muestra el nivel de hartazgo acumulado frente a un colapso que el régimen intenta administrar con anuncios parciales mientras el país sigue hundido en la escasez.

El nuevo ensayo en Cotorro llega después de otro colapso del SEN provocado por la salida de la termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, por una avería en la caldera. Ese episodio volvió a dejar al descubierto la fragilidad de un sistema que depende de plantas envejecidas, combustible escaso y una gestión incapaz de sostener un servicio elemental. La apuesta por baterías y parques solares puede aliviar tramos de la red, pero no borra la responsabilidad política de un régimen que dejó pudrir la generación eléctrica hasta convertir los apagones en rutina nacional.

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