Régimen usa actividad cultural para frenar reunión estudiantil en El Vedado

El régimen ocupó este martes el parque Víctor Hugo, en El Vedado, con una actividad cultural de gran despliegue para impedir una reunión independiente de estudiantes de la Universidad de La Habana que había sido convocada allí para discutir las condiciones de estudio y posibles reformas universitarias. La maniobra dejó sin espacio una cita que había salido de las redes y que buscaba abrir un debate propio, fuera del control oficial.

Desde temprano, la cuadra amaneció convertida en una fiesta popular montada con apoyo institucional. Predominaron niños, adolescentes con uniformes escolares y trabajadores movilizados por sus centros laborales, mientras los universitarios apenas aparecían en el lugar. La composición del público no parecía casual: el objetivo era llenar el parque con una multitud afín y bloquear de hecho cualquier concentración estudiantil.

Aunque no se vieron patrullas restringiendo el acceso, sí hubo agentes de la Seguridad del Estado. En las calles cercanas se alinearon varios camiones, algunos cargados con alimentos, y en el propio parque se instalaron carpas para vender comida, una imagen poco habitual en una Habana donde la basura, los salideros y el abandono urbano dominan la escena diaria. El poder solo embellece y mueve recursos cuando necesita tapar una expresión incómoda.

La psicóloga Juliette Isabel Fernández Estrada denunció en Facebook la presencia de vehículos oficiales en la calle 21, entre el parque y la Avenida de los Presidentes, incluidos autos vinculados al Comité Central del Partido Comunista y a la Asociación Hermanos Saíz. También hubo altavoces con música, banderas cubanas y del Movimiento 26 de Julio, quioscos de comida, animadores culturales y un payaso al frente de una conga infantil, todo como parte de una puesta en escena pensada para ocupar el espacio público.

Las cámaras de Cubanet registraron además equipos de filmación profesional y brigadas de limpieza trabajando con visible intensidad. El contraste con la suciedad que domina otros puntos de La Habana fue evidente: hojas recogidas, parque reluciente y personal movilizado para sostener una normalidad fabricada a la medida del control político. La ciudad se ordena por minutos cuando el régimen necesita sofocar una iniciativa independiente.

La víspera, unos 20 estudiantes hicieron una sentada pacífica en la escalinata de la Universidad de La Habana para protestar por las dificultades de acceso a internet, los precios del servicio, los apagones y la crisis del transporte, trabas que golpean directamente su aprendizaje en medio de las clases semipresenciales. La respuesta en El Vedado confirma que, ante una demanda estudiantil, el régimen prefiere la ocupación del espacio, la propaganda y la vigilancia antes que una solución o un diálogo real.

Lo ocurrido en el parque Víctor Hugo deja al desnudo el miedo del poder a una conversación libre entre universitarios. Cuando los jóvenes se organizan para hablar de estudio, conectividad y reformas, el aparato estatal responde con una operación de bloqueo cuidadosamente montada. En Cuba, hasta una reunión estudiantil termina tratada como una amenaza política.

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