EEUU exige al régimen cubano respetar la protesta en medio del colapso

Washington volvió a señalar este martes al régimen de Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro por la crisis que asfixia a Cuba y por la respuesta oficial frente a las protestas de barrio que se han extendido durante 11 noches seguidas. El Departamento de Estado dijo que el pueblo cubano reclama servicios básicos, subsistencia y libertad frente a una tiranía que ya no consigue ocultar el derrumbe del país.

La advertencia llegó por la vía directa de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental, que escribió en X que el régimen cubano debe respetar esos derechos fundamentales. El mensaje puso en palabras lo que millones de cubanos viven a diario: una vida empujada por la escasez, el miedo y la frustración, mientras el poder insiste en sostener un control político que solo empeora la calle.

La reacción de Estados Unidos coincidió con las declaraciones de Marco Rubio, que describió la economía de La Habana como disfuncional y sostuvo que ni el sistema político ni el de gobierno tienen capacidad para corregirla. Su lectura apuntó de frente al origen del desastre: un modelo agotado, incapaz de producir bienestar y sostenido únicamente por el aparato de poder.

Rubio se refirió además al anuncio del viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, quien adelantó que los cubanos en el exterior podrían invertir en el sector privado de la Isla. Desde Washington, ese gesto fue leído como otra admisión del fracaso económico del régimen, obligado a buscar oxígeno fuera después de haber destruido por décadas la base productiva del país.

También Donald Trump dejó claro que La Habana está bajo lupa. El presidente aseguró que Cuba atraviesa muy malas condiciones y que su equipo estudia medidas “muy pronto”, una señal política que coincide con el momento más frágil para el régimen en meses. La presión externa se suma al descontento interno, no lo crea.

Mientras tanto, la vida cotidiana en la Isla sigue marcada por el apagón, la carencia y la improvisación. Este lunes, la Unión Nacional Eléctrica anunció otra desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional, el segundo apagón general de marzo, una imagen brutal del hundimiento de un sector que el régimen ha sido incapaz de sostener.

Al colapso eléctrico se suman el encarecimiento de los alimentos, el déficit de medicamentos, la falta de agua potable y el aumento de enfermedades contagiosas y mortales en varias provincias. Esa acumulación de crisis explica la protesta de calle y también la respuesta desesperada de un poder que sigue sin ofrecer soluciones reales.

El propio régimen había negado durante semanas cualquier contacto con Rubio, hasta que el viernes pasado Díaz-Canel terminó confirmándolo. Ese giro dice más de la debilidad de La Habana que de la diplomacia: cuando la crisis aprieta, ni la propaganda ni el silencio alcanzan para tapar la realidad.

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