Abascal mantiene en suspenso el pacto de Vox en Extremadura

Santiago Abascal dejó este martes en el aire el acuerdo de Vox en Extremadura y Aragón al insistir en que su prioridad son los cambios de rumbo y no los cargos, las presidencias ni el reparto de sillones. Desde La Bañeza, el líder de la formación trató de blindar una imagen de dureza política mientras mantenía abierta la puerta a una negociación que todavía puede decidir gobiernos autonómicos.

El gesto importa porque ocurre en plena votación de investidura en Extremadura, donde Vox conserva capacidad de presión sobre la gobernabilidad si termina sosteniendo o bloqueando la opción del PP. Abascal dijo que todavía puede haber acuerdo, pero solo sobre medidas concretas, con plazos, presupuesto y garantías de cumplimiento. También advirtió que el discurso de la candidata María Guardiola será clave para medir si el diálogo sigue o se rompe.

En esa posición, Vox intenta presentarse como una fuerza que no negocia por cargos, aunque la realidad política apunta a otra cosa: el partido usa cada votación como palanca para arrancar concesiones sobre fiscalidad, lengua y restricciones ambientales que considera una carga para la gente humilde. La negociación queda así convertida en un pulso de poder, con Abascal intentando demostrar que no cede mientras deja abierta la posibilidad de entrar o influir en gobiernos regionales.

La otra parte fuerte del mensaje llegó en su ataque a Pedro Sánchez, a quien colocó junto a “Hamás, los ayatolás, Cuba y Maduro”. Esa referencia vuelve a meter a Cuba en una discusión que en España no es accidental: el régimen cubano sigue siendo el símbolo del autoritarismo, del control político y del fracaso de una izquierda que ha hecho de la sumisión ideológica una forma de gobierno. Abascal usó esa lista para reforzar su relato contra el socialismo español y contra cualquier alianza que, a su juicio, erosione la libertad y la seguridad nacional.

También cargó contra el PP por las filtraciones, por la falta de sintonía y por lo que llamó traiciones al campo y al acuerdo de Mercosur. En el fondo, la jornada dejó a Vox jugando a dos bandas: presiona para obtener más poder territorial y al mismo tiempo eleva su discurso ideológico contra Sánchez y contra la izquierda, con Cuba como emblema útil dentro de esa ofensiva. La negociación sigue abierta, pero Abascal quiso dejar claro que solo avanzará si el precio político le conviene.

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