Air France suspende vuelos a La Habana por combustible

Air France dejará en pausa su ruta entre París y La Habana desde el 29 de marzo hasta el 15 de junio por la escasez de combustible en Cuba, una nueva muestra del deterioro energético que está golpeando a los aeropuertos del país y dejando a las aerolíneas extranjeras sin condiciones para operar con normalidad.

La compañía francesa mantenía tres frecuencias semanales hacia la capital cubana con aviones Boeing 787. A los pasajeros afectados les ofrecerá cambios de fecha, vales o reembolso completo, mientras la isla sigue sin garantizar el queroseno que necesita para sostener su conectividad aérea. Lo que para una aerolínea significa un ajuste temporal, para Cuba confirma un colapso que ya empieza a cerrar puertas en uno de los pocos sectores que aún genera entrada de divisas.

La suspensión de Air France se suma a una lista de retrocesos que exhibe el alcance de la crisis. Air Canada ya había cancelado sus vuelos tras confirmar la falta de combustible en aeropuertos cubanos e incluso envió aviones vacíos para recoger a unos 3.000 pasajeros que estaban en la isla. También WestJet y Air Transat redujeron o suspendieron operaciones, mientras las rusas Rossiya Airlines y Nordwind Airlines repatriaron turistas y después frenaron sus rutas.

Otras aerolíneas europeas han optado por seguir volando con escalas técnicas para repostar en aeropuertos cercanos del Caribe, como República Dominicana. En el caso de Air France, las aeronaves hacen escala en Bahamas. Ese rodeo resume la precariedad en que el régimen ha dejado el transporte aéreo hacia Cuba: rutas más caras, itinerarios más inestables y cada vez menos confianza para viajeros y operadores.

Este martes trascendió además que las autoridades cubanas extendieron hasta el 10 de abril el aviso de escasez de combustible para aviones en todos los aeropuertos internacionales del país. La primera advertencia había salido el 10 de febrero por un mes. La prórroga confirma que el problema se ha vuelto estructural y que la crisis energética ya alcanzó una de las infraestructuras más sensibles de la isla.

Detrás de ese cuadro pesan la caída del petróleo procedente de Venezuela, principal proveedor de Cuba, y las presiones de Estados Unidos sobre ese comercio. Pero la responsabilidad política del desastre recae también sobre el régimen, que ha dejado a la economía atada a la dependencia externa y sin capacidad real para sostener ni siquiera el suministro básico de sus terminales aéreas.

El golpe más directo cae sobre el turismo internacional, uno de los pocos renglones que el poder sigue presentando como sostén económico. Cada vuelo cancelado, cada ruta recortada y cada escala improvisada reduce visitantes, complica ingresos y profundiza el aislamiento de una economía ya asfixiada. La crisis de combustible no solo apaga carros y bateyes: también vacía pistas y deja al descubierto el derrumbe de un modelo que no logra garantizar ni el funcionamiento de sus aeropuertos.

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