La Guiteras vuelve a caer y agrava los apagones en Cuba

La avería de la central termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, volvió a golpear al Sistema Electroenergético Nacional y dejó al país frente a otra tanda de apagones más duros y más largos. La propia dirección de la planta admite que la reparación puede tardar al menos 72 horas, un plazo que en Cuba equivale a más oscuridad para millones de familias.

La unidad salió de servicio por la rotura de una tubería en la parte inferior de la caldera. Ese fallo provocó una fuga de agua, pérdida de hermeticidad por gases y un incendio que fue sofocado con rapidez por los bomberos, sin daños mayores adicionales. Aun así, el golpe fue suficiente para sacar de línea a la planta de mayor capacidad de generación del país y arrastrar al sistema eléctrico hacia una nueva interrupción amplia.

Desde Las Tunas hasta Pinar del Río, buena parte del occidente quedó sin servicio eléctrico tras la salida de la Guiteras. Ese es el tamaño real del problema: una sola avería en una instalación clave basta para desordenar otra vez la vida cotidiana de medio país, con hospitales, cocinas, transporte, talleres y hogares pagando el costo de una infraestructura exprimida hasta el límite.

El director técnico de la planta, Román Pérez Castañeda, explicó que primero hay que localizar con precisión la avería, definir el método de reparación y ejecutar los trabajos antes de sincronizar de nuevo la unidad. La secuencia es tan básica como reveladora. El régimen lleva años administrando el sistema eléctrico con parches, improvisación y promesas de recuperación que nunca alcanzan para sostener un servicio estable.

La Guiteras ha sido una pieza estratégica dentro de una red marcada por averías frecuentes, déficit de combustible y limitaciones técnicas acumuladas. Cuando esa unidad falla, el país entero lo siente de inmediato. Cuando además la reparación se alarga, el castigo se multiplica sobre una población que ya vive sometida a apagones crónicos y a un deterioro energético que el poder no ha sabido ni querido resolver de fondo.

En vez de garantizar una generación confiable, el régimen mantiene a Cuba atada a una crisis estructural que convierte cada rotura en una emergencia nacional. La Guiteras encarna ese fracaso: una planta decisiva, un sistema agotado y un pueblo condenado otra vez a esperar en la oscuridad.

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