El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, plantó en Panamá una advertencia clara contra la vieja lógica de tutela sobre América Latina: la región no es el “patio trasero” de nadie. Lo hizo al lado del mandatario José Raúl Mulino, durante una visita que también lo llevará a Guatemala y México, mientras defendía la soberanía panameña sobre el canal interoceánico, otra vez bajo presión por las ambiciones de Washington.
Steinmeier evitó mencionar a Estados Unidos, pero su mensaje cayó en medio de la ofensiva de Donald Trump, que ha prometido intervenir para promover los intereses de Washington en el hemisferio occidental, aumentar la seguridad del país y frenar la influencia de potencias como China. En ese mismo marco, el presidente estadounidense ha amenazado con recuperar el canal de Panamá, pese a que la vía fue entregada por Estados Unidos al país centroamericano en 1999 mediante tratados bilaterales.
La declaración alemana tiene peso porque el canal sigue siendo una pieza central del comercio mundial. Steinmeier subrayó que Panamá es un socio económico importante para Alemania y recordó que por esa ruta pasa el 5% del comercio marítimo mundial. También remarcó que la neutralidad y la soberanía del canal deben estar por encima de cualquier duda, una posición que choca con la presión de Trump y con el lenguaje de dominio que Washington recicla cada cierto tiempo sobre la región.
Para Cuba, el episodio deja otra lección incómoda. América Latina continúa atrapada entre intereses externos y gobiernos que usan la soberanía como escudo para conservar poder interno. El castrismo ha convertido la consigna antiimperialista en una coartada para sostener el control político, blindar la censura y aplastar cualquier reclamo ciudadano real.
La diferencia entre defender una nación y someterla al aparato estatal quedó otra vez expuesta. Mientras Steinmeier reconoce que América Latina no pertenece a nadie, en Cuba el régimen sigue administrando la vida pública como si el país fuera propiedad del poder. La discusión sobre Panamá recuerda que la soberanía solo tiene sentido cuando protege al ciudadano, limita al gobernante y respeta la independencia de la nación.

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