La Habana amaneció este miércoles todavía a oscuras después de 21 horas y 58 minutos sin servicio eléctrico, mientras el Sistema Eléctrico Nacional cargaba otro déficit cercano a los 1,800 MW. La nueva sacudida dejó al país entero otra vez sometido a apagones masivos y confirmó que el régimen sigue sin sostener la electricidad más elemental para la vida diaria.
La Unión Eléctrica informó que el día anterior hubo afectación durante las 24 horas, con una máxima de 1,793 MW a las 7:10 de la noche. A las 6:00 de la mañana de este miércoles, la disponibilidad era de apenas 1,280 MW frente a una demanda de 2,170 MW, con 915 MW ya afectados desde temprano. Esa brecha volvió a cargar sobre hogares, hospitales, comercios y centros de trabajo el costo de un sistema que opera al borde del colapso.
El propio parte oficial dibuja un panorama de deterioro acumulado. Cuatro unidades generadoras estaban averiadas en las centrales termoeléctricas Santa Cruz, Felton y Antonio Maceo, mientras otras tres se encontraban en mantenimiento en Mariel, Nuevitas y Carlos Manuel de Céspedes. A eso se sumaban 466 MW fuera de servicio por limitaciones en la generación térmica. El resultado es un país atrapado en plantas dañadas, reparaciones atrasadas y una red incapaz de responder a la demanda mínima.
Para el horario pico, la UNE anunció la posible entrada del emplazamiento de fuel Mariel con 112 MW, cinco motores en la Patana de Regla con 45 MW y seis motores en Moa con 85 MW. Incluso con esas incorporaciones, la disponibilidad proyectada quedaba en 1,437 MW frente a una demanda máxima estimada de 3,170 MW. El déficit calculado por la propia empresa ascendía a 1,733 MW, suficiente para garantizar que los apagones sigan marcando la jornada nacional.
La capital volvió a estar entre las zonas más castigadas. La Empresa Eléctrica de La Habana reportó que el servicio estuvo interrumpido casi 22 horas y que aún quedaban tres bloques afectados, equivalentes a 116 MW, con restablecimiento previsto en la mañana. También advirtió que, si no mejoraban las condiciones de disponibilidad del sistema, se afectarían bloques y circuitos por contingencia energética sin horario previsto. En la práctica, eso significa vivir sin certeza para cocinar, trabajar, estudiar o descansar con un mínimo de normalidad.
Los 51 nuevos parques solares fotovoltaicos aportaron 3,968 MWh y alcanzaron una máxima potencia entregada de 760 MW en la media jornada, pero esa cifra apenas amortigua el vacío que arrastra el sistema. La generación renovable aparece como alivio parcial frente a una base térmica destruida, no como respuesta real a una crisis que el régimen ha dejado pudrirse durante años.
Lo ocurrido este miércoles no es un tropiezo aislado. Responde a años de abandono, falta de inversión y deterioro de las termoeléctricas bajo el control de un régimen que convirtió la crisis energética en rutina nacional. Cada parte de la UNE confirma la misma verdad: millones de cubanos siguen pagando con noches a oscuras, comida perdida y jornadas rotas el fracaso de un modelo incapaz de garantizar siquiera la luz.
La Habana sumó casi 22 horas sin servicio mientras Cuba enfrentó un déficit cercano a 1,800 MW y volvió a exhibir el colapso energético del régimen.[8][

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