Los apagones están rompiendo las estaciones de energía en Cuba

Las estaciones de energía portátiles que muchos cubanos compraron para sobrevivir a los apagones también están empezando a fallar en la isla. El creador de contenidos cubano Stefan Castro Landa, conocido en redes como @_stefan_castro, alertó sobre el aumento de averías en estos equipos y advirtió que la mayoría de los daños responde a los mismos errores de uso, agravados por la crisis eléctrica que el régimen ha dejado pudrir.

Su advertencia apunta a una realidad incómoda para miles de familias: invertir cientos de dólares en una batería de respaldo no garantiza protección cuando el sistema eléctrico sigue reventando la vida cotidiana. En Cuba, cada corte, cada regreso brusco de la corriente y cada intento de salvar lo básico termina castigando también los pocos recursos que la gente logra reunir para aguantar el desastre.

Castro explicó que estas estaciones no fueron diseñadas para el uso extremo que reciben en la isla. Los apagones obligan a someterlas a ciclos constantes de carga y descarga, una presión que acelera el desgaste y reduce su vida útil. A partir de esa experiencia, enumeró cinco causas que están dañando equipos de distintas marcas y modelos.

La primera son los latigazos de corriente que llegan cuando vuelve la electricidad después de un corte prolongado. Aunque las estaciones incorporan sistemas de protección, el voltaje inestable termina pasándoles factura. También señaló el daño que provoca colocarlas directamente en el piso, donde acumulan polvo, humedad y pelos de mascotas, condiciones que facilitan corrosión y fallos internos.

Otro error frecuente es exprimir un solo puerto de salida para cargarlo todo. Ese uso genera sobrecalentamiento porque la estación no está pensada para sostener la máxima demanda constante por una sola línea. A eso se suma el hábito de llevar la batería hasta 0 %, algo que compromete el sistema interno de gestión y puede dejar el equipo sin capacidad para encender de nuevo.

El último riesgo que mencionó es la compra de baterías reutilizadas vendidas como nuevas. En un mercado donde escasea la información y abundan los revendedores oportunistas, el comprador puede terminar pagando por un equipo reacondicionado sin saberlo. Esa estafa encaja con el ambiente de precariedad que domina todo el consumo en Cuba, donde cada compra grande se convierte en una apuesta.

Entre las recomendaciones que compartió figuran usar protectores de voltaje de calidad, esperar a que la corriente se estabilice antes de reconectar la estación, mantener el equipo en un lugar ventilado y elevado del suelo, revisar el estado del tomacorriente y repartir la carga entre varios puertos. También sugirió conservar la batería entre el 20 % y el 80 % y comprar solo a proveedores confiables, con garantía comprobable.

El trasfondo es el de siempre: una nación obligada a resolver con inventos caseros lo que debería garantizar un sistema eléctrico funcional. Mientras el régimen normaliza los apagones como parte de la rutina, las familias cubanas gastan dinero que no tienen en soluciones de emergencia que también se rompen. La crisis no solo apaga casas; también destruye inversiones, desgasta electrodomésticos y empuja a la gente a improvisar para no quedar a oscuras.

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