Arleen Rodríguez Derivet volvió a salir en defensa del aparato propagandístico del régimen con una intervención cerrada a favor de Miguel Díaz-Canel y contra los medios independientes que cuestionaron la última alocución del gobernante. La periodista oficialista, una de las voces más alineadas con el poder, intentó cerrar el paso a las dudas surgidas alrededor de la transmisión y convirtió la polémica en un ataque directo contra la prensa crítica.
Desde la cuenta de su podcast Chapeando en Facebook, Rodríguez aseguró que “nunca se dijo que la Conferencia del presidente cubano fuera en vivo”, en alusión a los señalamientos de usuarios que detectaron una hora incongruente en el reloj que llevaba durante la moderación del acto. Con esa explicación, la vocera del oficialismo trató de sostener la versión difundida por Presidencia de Cuba, donde se habló de una “transmisión” y no de una emisión en directo.
La periodista también disparó contra los “medios pagados y orientados por EE.UU.” y los acusó de montar una campaña de desinformación para desviar la atención del contenido del mensaje de Díaz-Canel. En su relato, la controversia se reduce a una supuesta maniobra enemiga contra el régimen, una fórmula repetida cada vez que el oficialismo queda expuesto ante el escrutinio público. La reacción vuelve a dejar claro cuánto depende el castrismo del control del relato para esquivar preguntas incómodas.
Más allá del debate sobre si la conferencia fue grabada o transmitida en vivo, Rodríguez se dedicó a presentar a Díaz-Canel como un “estadista que no maquilla las dificultades”. Según su lectura, el gobernante habló con crudeza, mostró firmeza y trazó caminos para enfrentar la crisis. Esa versión pretende vestir de liderazgo un discurso que sigue sin ofrecer respuestas reales a la miseria cotidiana que golpea a los cubanos.
En esa misma línea, la periodista descalificó a quienes esperaban ver al mandatario “acorralado” o desalentado y aseguró que la rendición nunca será opción. El problema para el régimen es que ese lenguaje épico ya no tapa la falta de soluciones ni disfraza la desconexión entre la propaganda oficial y la vida real del país. Mientras los voceros del poder insisten en vender resistencia, la población sigue cargando con la escasez, la improvisación y el desgaste de un sistema que no resuelve nada.
La intervención de Rodríguez no sorprende. Su cercanía con Díaz-Canel y su papel dentro de espacios de propaganda la han colocado durante años en la primera línea de defensa del discurso gubernamental. Lo revelador es la rapidez con que salió a blindar una pieza que dejó más dudas que certezas y terminó exponiendo, otra vez, la fragilidad de un relato oficial que ya no resiste el mínimo examen ciudadano.
El episodio confirma el nerviosismo del régimen frente a cualquier cuestionamiento público. Cuando el poder necesita a sus voceros para explicar lo que se ve a simple vista, queda desnuda su pobreza política y su desprecio por la inteligencia de la gente.

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