Los obispos católicos cubanos viajarán a Roma entre el 16 y el 20 de febrero para el encuentro tradicional con el papa, en medio de una escalada de tensiones entre la isla y Estados Unidos y de una crisis interna que el propio episcopado describe como cada vez más dura para la población.
La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba explicó que la visita servirá para renovar la unidad con el Sucesor de Pedro, compartir la realidad pastoral de las diócesis y sostener la misión evangelizadora en un país golpeado por el hambre, los apagones, el deterioro sanitario y la asfixia económica que el régimen ha sido incapaz de frenar.
Estos encuentros se celebran habitualmente cada cinco años y permiten a los obispos exponer ante el Papa la situación de sus diócesis y del país. Esta vez, el viaje ocurre cuando la Iglesia vuelve a hablar con alarma sobre el agravamiento de la crisis cubana, después de que la administración de Donald Trump amenazara con aranceles a los países que suministren petróleo a la isla, que depende de importaciones para cubrir dos tercios de sus necesidades energéticas.
La COCC advirtió que las noticias recientes sobre la posibilidad de cortar aún más la entrada de petróleo disparan las alarmas, sobre todo entre los sectores más golpeados por la pobreza. En su mensaje, los obispos insistieron en que Cuba necesita cambios urgentes, mientras cargan sobre la mesa el costo humano de una crisis que el régimen sigue administrando con propaganda, control y desgaste social.
Un día después, el papa León XIV, que antes de ser elegido visitó dos veces Cuba, expresó su gran preocupación por el aumento de las tensiones y defendió un diálogo sincero y eficaz para evitar la violencia y cualquier medida que empeore el sufrimiento del pueblo cubano.
El Vaticano ha funcionado durante años como puente entre La Habana y Washington. La última mediación importante ocurrió en 2024, durante el gobierno de Joe Biden, cuando Estados Unidos sacó temporalmente a Cuba de la lista de países promotores del terrorismo a cambio de la excarcelación de 553 presos. La secuencia vuelve a dejar a la vista una realidad incómoda: la crisis cubana ya no se puede maquillar con discursos oficiales, y la Iglesia termina hablando de urgencias que el poder intenta esconder.
Los obispos cubanos viajarán a Roma en febrero mientras la Iglesia alerta sobre el agravamiento de la crisis en la isla y la tensión con Estados Unidos.[26][

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