Bruno Rodríguez cierra en el Vaticano su gira de apoyo

Bruno Rodríguez terminó en el Vaticano una gira marcada por la urgencia del régimen cubano de conseguir respaldo fuera de la Isla. El canciller se reunió este sábado con el papa León XIV y agradeció después la audiencia como enviado especial del “presidente de la República de Cuba”, sin dar una sola explicación sobre lo conversado.

La reunión llega después de sus paradas en Moscú y Madrid, donde el emisario de La Habana buscó interlocución en medio de una crisis que el poder ya no puede esconder. El viaje dejó una imagen clara: el régimen sale a tocar puertas mientras dentro de Cuba se acumulan el desgaste, la escasez y el control político sobre la población.

Ni el Vaticano había ofrecido detalles de la audiencia ni Rodríguez aportó información útil sobre el alcance del encuentro. Esa falta de transparencia encaja con una diplomacia acostumbrada a vender gestos y a ocultar resultados, justo cuando el castrismo necesita cualquier señal externa que le sirva para simular normalidad y sostenerse.

En España, la visita del canciller también tuvo un costo político visible. A su paso por el Palacio de Viana, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, cubanos en el exilio lo increparon con consignas contra la dictadura y a favor de los presos políticos. Los videos difundidos por los propios manifestantes dejaron constancia del rechazo que provoca el rostro internacional del régimen, incluso lejos de La Habana.

Los gritos de “¡Descarado!”, “¡Viva Cuba libre!”, “¡Libertad para los presos políticos!” y “¡Abajo la dictadura!” resumieron lo que el aparato diplomático intenta borrar: el castrismo carga con represión, censura y castigo político, y no puede presentarse como un gobierno respetable mientras mantiene esa maquinaria intacta en la Isla.

La escena en Roma también coincidió con otros movimientos alrededor de la Santa Sede. Días antes, el jefe de la misión diplomática estadounidense en La Habana, Mike Hammer, se entrevistó en Roma con el arzobispo Paul Richard Gallagher para abordar la situación en Cuba y el papel de la Iglesia. Además, el Papa sostuvo un encuentro privado con el obispo de Guantánamo-Baracoa, Silvano Pedroso Montalvo, sin que trascendieran detalles.

La secuencia completa deja a Bruno Rodríguez en el papel que mejor refleja la deriva de la política exterior cubana: un canciller que viaja para pedir auxilio mientras el régimen pierde legitimidad dentro y fuera del país. La gira no mostró autoridad ni rumbo; mostró dependencia, aislamiento y la necesidad de buscar afuera el oxígeno que La Habana ya no encuentra adentro.

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