CIMEX, la corporación militar del régimen, anunció en La Habana la venta de camionetas chinas KYC modelo F3 a un precio de 29.950 dólares, una cifra que choca de frente con la realidad de un país donde la mayoría de las familias apenas logra cubrir la comida diaria.
La información, difundida por la Agencia Cubana de Noticias, presenta el vehículo como una opción para uso comercial y personal. La camioneta tiene capacidad para cinco plazas, carga útil de 745 kilogramos y motor de 1,6 litros. Por ahora solo se comercializa en la capital, en la agencia de Calle 20, entre Primera y Tercera, en el municipio Playa.
El modelo, fabricado por KYC Motors, se vende como parte de la supuesta diversificación de la oferta automotriz en Cuba mediante convenios con fabricantes internacionales. La propia nota oficial recuerda que la KYC F3 circula sobre todo en América Latina y Asia, en versiones de gasolina y diésel, con configuraciones que llegan hasta 2,0 litros turbo diésel y 114 caballos de fuerza.
Pero el dato central no está en la ficha técnica. Está en el contraste brutal entre una camioneta de casi 30.000 dólares y una población ahogada por salarios miserables, apagones, inflación y escasez de combustible. El anuncio cayó de inmediato sobre ese terreno de indignación, y las reacciones en redes lo dejaron claro. Un internauta preguntó dónde estaba el combustible para echarla a rodar. Otro ironizó con que quizá se movería por agua.
La molestia tiene raíces mucho más profundas que el precio. Cuba vive una crisis alimentaria extendida y una inseguridad que golpea a millones. Según el séptimo estudio sobre el estado de los derechos sociales en la Isla, presentado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos en julio de 2023, la crisis alimentaria fue señalada como el principal problema del país por el 72% de los encuestados. El informe también indicó que siete de cada diez personas habían tenido que saltarse alguna comida por falta de dinero o de alimentos.
En ese escenario, la venta de una camioneta de lujo para la mayoría de los cubanos refuerza la imagen de un régimen desconectado de la vida real del país, más preocupado por exhibir negocios en moneda dura que por resolver el hambre, el transporte y la ruina cotidiana que padecen las familias.

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