Cubanos en Miami, Montevideo, Madrid y Santiago de Chile salieron este fin de semana a las calles para exigir libertad para Cuba y pedir el fin del régimen de Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro. Las protestas, replicadas en varias ciudades, mostraron una misma línea política: respaldo a la presión de Washington y rechazo frontal a cualquier tregua con la dictadura.
En Miami, una caravana de autos partió desde Tropical Park, en Westchester, y avanzó hasta la Ermita de la Caridad, donde varios activistas tomaron la palabra. Desde allí, Alexander Otaola dijo que la movilización buscaba enviar un mensaje a la Casa Blanca, a la Administración y al mundo: los cubanos no quieren tregua con la dictadura y exigen una Cuba libre.
Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron largas filas de vehículos con banderas de Cuba, Estados Unidos y símbolos de apoyo a Donald Trump. El congresista Carlos Giménez compartió uno de esos videos y escribió que Miami exige libertad para Cuba. La escena volvió a dejar claro que el exilio sigue siendo una fuerza política de peso en la denuncia contra el castrismo y en la presión para que la causa cubana no desaparezca de la agenda de Washington.
En la Ermita también estuvo Mike Hammer, encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, quien aseguró que no van a parar hasta que Cuba sea libre y expresó confianza en que eso ocurrirá en 2026. La presencia del diplomático confirmó el alcance político de una jornada que no se limitó a la consigna callejera: fue una señal pública de coordinación simbólica entre el exilio, activistas y sectores que reclaman una transición real en la Isla.
La protesta se extendió a Montevideo, donde cientos de cubanos marcharon con carteles contra el régimen y banderas de Cuba y Venezuela. En las calles se escucharon consignas como “No somos cómplices de dictaduras” y “Libertad para los presos políticos”, una exigencia que resume el costo humano del control político dentro de la Isla y la demanda de que ningún gesto internacional normalice la represión.
En Madrid, decenas de cubanos se reunieron en la Puerta del Sol para sumarse a la jornada mundial. Desde allí, Magdiel Jorge Castro habló de un contexto delicado para el país, mientras en Santiago de Chile el activista Ángel Rivas insistió en que cualquier ayuda a Cuba debe quedar condicionada al respeto a los derechos humanos, la liberación de los presos políticos y el fin de la tiranía comunista.
La protesta simultánea en varias capitales volvió a exponer una realidad incómoda para La Habana: mientras el régimen insiste en sostener su poder con censura, cárcel y propaganda, la diáspora mantiene viva una agenda de libertad que le disputa el relato político dentro y fuera de Cuba. La jornada dejó una conclusión inequívoca: el exilio sigue reclamando una salida de fondo, no una convivencia con el castrismo.

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