Costa Rica cierra su embajada en Cuba y respalda la ruptura diplomática

Costa Rica dio este miércoles un giro frontal contra el régimen cubano al cerrar su embajada en La Habana y reducir la relación bilateral a vínculos consulares, una medida que la presidenta electa Laura Fernández respaldó sin matices y justificó en nombre de “la dignidad humana del pueblo cubano”.

Fernández asumió públicamente la decisión y la presentó como una defensa de la libertad y de la democracia. También avaló la salida de los diplomáticos costarricenses de Cuba y el retiro del personal de la Isla en San José, con la excepción del trabajo consular y administrativo. El mensaje político fue claro: San José dejó de tratar al castrismo como un socio normal y pasó a señalarlo como lo que es, un régimen marcado por el maltrato y la represión.

El peso de esa ruptura no está solo en el gesto diplomático. Costa Rica habló de “condiciones infrahumanas” en Cuba y Fernández pidió que lo que ocurre en la Isla sirva de advertencia para los jóvenes y niños de su país sobre los efectos de la izquierda y de un régimen comunista. En otras palabras, la denuncia costarricense colocó en primer plano el deterioro cubano y la responsabilidad política de un sistema que ha convertido la miseria y la represión en parte de su rutina de poder.

La decisión también toca de forma directa a los cerca de 10 mil cubanos que viven en Costa Rica, muchos de ellos refugiados políticos. Fernández intentó dejar claro que no serán rechazados, pero sí viven ahora bajo una señal diplomática inequívoca: Costa Rica no va a tolerar violaciones de derechos humanos ni va a maquillar la realidad de Cuba por conveniencia ideológica.

Desde La Habana, el designado Miguel Díaz-Canel reaccionó como acostumbra el aparato oficial: atribuyó el rompimiento a presiones de Estados Unidos y lo calificó de acto inamistoso. Esa respuesta sigue el libreto de siempre, el que el régimen usa para esquivar el fondo del problema y culpar a terceros cada vez que un gobierno extranjero le pone nombre a la represión, al abuso y a la degradación social que domina en la Isla.

La ruptura de Costa Rica ocurre además después de que Ecuador tomara una medida similar semanas antes. El movimiento regional confirma que cada vez más gobiernos prefieren distanciarse de una dictadura que no ofrece ni respeto institucional ni garantías democráticas, y que arrastra a los cubanos a una crisis política y humana que ya nadie serio puede esconder detrás de la propaganda oficial.

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