Bessent vincula a Cuba con una posible caída de Maduro

MIAMI, Estados Unidos — El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, puso este jueves a Cuba dentro de un escenario de cambio regional al decir que, si Nicolás Maduro sale del poder en Venezuela, en la Isla podría producirse un “cambio de régimen muy lento”.

La frase apareció en una entrevista dedicada a la guerra con Irán, el mercado petrolero, las sanciones y la seguridad nacional. Bessent no anunció medidas contra La Habana ni habló de una política concreta del Departamento del Tesoro hacia el régimen cubano. Aun así, su comentario colocó otra vez sobre la mesa la fragilidad del castrismo y su dependencia de los movimientos políticos en Caracas.

Lo que importa aquí es el fondo de esa afirmación. El funcionario estadounidense enlazó el futuro de Cuba con el destino de Maduro y lo hizo en medio de una conversación sobre conflictos internacionales y economía. Esa asociación retrata una realidad que el régimen intenta maquillar: la Isla sigue atrapada en una red de apoyos externos y de maniobras para aguantar, mientras dentro no hay legitimidad, ni resultados, ni salida real para la gente.

La mención de Bessent también se produce después de que Donald Trump asegurara que su administración mantiene conversaciones con Cuba y describiera a la Isla como una “nación fallida”, sin dinero, sin petróleo y sin nada. En ese mismo intercambio, el presidente llegó a insinuar que podría “tomar Cuba, de alguna forma”, y elogió a los cubanos que emigraron a Estados Unidos y lograron prosperar allí.

Ese contraste pesa más que cualquier frase suelta. De un lado está una sociedad empujada por la pobreza, el control político y la falta de horizontes; del otro, una diáspora que salió de la Isla y encontró espacio para trabajar, avanzar y levantar familia lejos del aparato que la expulsó. El régimen, mientras tanto, sigue atrapado en su propio desgaste y en una economía que no levanta cabeza.

Bessent no habló de un desenlace inmediato. Habló de un cambio lento, condicionado por lo que ocurra fuera de Cuba y por la presión que pesa sobre los aliados del castrismo. Pero incluso esa cautela deja al descubierto algo incómodo para La Habana: Washington mira a la Isla como parte de una ecuación de debilidad, no como una historia de fortaleza. Y cuando la Casa Blanca y su entorno político vuelven a mencionar a Cuba en esos términos, el mensaje es claro para el régimen: su permanencia depende cada vez menos de la narrativa oficial y más de una red de apoyos cada vez más erosionada.

Para los cubanos de a pie, nada de eso se traduce todavía en alivio. La vida sigue marcada por la escasez, el éxodo y el deterioro cotidiano que el régimen no ha sabido ni quiere corregir de raíz. Pero la declaración de Bessent confirma que la crisis cubana sigue conectada con el mapa político regional y que la supervivencia del castrismo continúa atada a factores externos que ya no controla del todo.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta