Iván Daniel Calás Navarro salió al paso de quienes lo señalan por hablar de la realidad cubana y dejó claro que no piensa callarse. El fotógrafo y creador de contenidos cristianos respondió en Facebook a un comentario que lo acusaba de “buscarse un caso político” por sus publicaciones sobre la vida en la isla, en medio de una discusión que vuelve a tocar un punto sensible: en Cuba, decir lo que pasa sigue teniendo costo.
La controversia nació a partir de un mensaje que reprochaba a varios cristianos su disposición a predicar y, al mismo tiempo, denunciar la realidad del país. Calás tomó esa provocación como punto de partida para fijar posición y defender su testimonio personal y ministerial. Su respuesta no se quedó en una aclaración religiosa; también dejó ver el ambiente de presión que pesa sobre cualquiera que se salga del guion tolerado por el régimen.
“Nosotros no tenemos que salir a demostrar cuántas veces hemos predicado el evangelio, face to face o en redes. Eso lo sabe la gente”, escribió. Y pidió que, si alguien duda de su conducta, pregunte a pastores, líderes y amigos. Con ese planteamiento, el joven intentó cortar de raíz la sospecha de que hablar del país equivale a montar una agenda política, una lógica que el poder ha alimentado durante décadas para desacreditar cualquier voz independiente.
En otro momento fue más directo: “No, no queremos un caso político. Tenemos mucho que perder y lo sabemos”. También admitió que en redes busca alcance, pero defendió esa presencia como parte natural de su trabajo y no como cálculo vacío. Su frase sobre que no vive de los likes y que incluso pueden costarle recursos dejó una verdad sencilla sobre la Cuba de hoy: expresarse en público tampoco sale gratis.
Calás afirmó además que no necesita esperar declaraciones de ninguna institución para hablar de lo que ocurre en el país. Recordó que las propias instituciones han enseñado a los creyentes nociones como libertad religiosa, separación Iglesia-Estado, sacerdocio universal del creyente y el señorío de Jesucristo. En su mensaje, el reclamo es claro: los cristianos no están obligados a pedir permiso al aparato político para mirar la realidad de frente.
La parte más dura de su publicación llegó cuando vinculó la unidad con la reacción del poder. “El diablo no soporta la UNIDAD. El Departamento de la Seguridad del Estado tampoco soporta la UNIDAD”, escribió. La frase resume, con lenguaje religioso pero también político, el miedo que el régimen intenta sembrar cada vez que una voz creyente se aparta de la obediencia silenciosa y habla sin rodeos de lo que vive el país.
La publicación recibió respaldo de usuarios que defendieron el derecho de los cristianos a no guardar silencio ante la realidad nacional. También reabrió un debate recurrente en las iglesias cubanas: si la fe debe encerrarse en lo privado o si tiene que confrontar la miseria moral y material que deja el castrismo. Calás se ubicó sin ambigüedades del lado de quienes entienden que predicar y denunciar pueden caminar juntos.
El caso tiene una lectura más amplia porque no es la primera vez que enfrenta presión. En 2023 fue citado por la Seguridad del Estado y, según contó después, lo advirtieron de que podía ir preso si decía algo contra las autoridades. Esa advertencia pone nombre al método: vigilancia, intimidación y amenaza para frenar a quienes usan su voz fuera del libreto oficial. En Cuba, hasta hablar de la realidad puede convertirse en acto de resistencia.
Calás cerró su mensaje con una frase que muchos compartieron: “Se acabó el miedo”.

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