Supermarket 23 suspendió de forma temporal las nuevas órdenes para Cuba y solo entregará las compras ya procesadas y confirmadas, después de admitir que la falta de combustible en la Isla está trabando sus operaciones logísticas. La medida vuelve a golpear a las familias que dependen de esas plataformas para recibir comida, medicinas y artículos de primera necesidad desde el exterior.
La empresa informó que las órdenes nuevas quedarán en pausa hasta que existan condiciones operativas que permitan sostener el servicio. El anuncio llega poco después de que Cubamax adoptara una decisión similar por la misma causa: la escasez severa de combustible que sigue desordenando el transporte, frenando entregas y castigando la vida diaria en Cuba.
El problema va más allá de una interrupción comercial. La suspensión confirma hasta qué punto la crisis energética ya alcanza incluso a los negocios que venden lo que falta en los mercados estatales. En un país donde la oferta interna sigue rota, cualquier tropiezo en la logística externa deja a más familias esperando por alimentos, higiene y medicinas que el sistema no garantiza dentro de la Isla.
Supermarket 23 mueve más de mil productos, desde carnes y helados hasta artículos de limpieza, higiene y medicamentos. Su modelo depende de pagos con tarjetas Visa o Mastercard asociadas a cuentas en moneda extranjera, lo que convierte ese escaparate de abundancia en una salida reservada para quienes tienen familiares o amigos fuera del país dispuestos a pagar por lo básico que el régimen no asegura.
La plataforma también carga cuestionamientos por los vínculos empresariales señalados en investigaciones periodísticas que la relacionan con estructuras asociadas a Alcona. Tras esas revelaciones, varios productos desaparecieron de su web. Ese trasfondo refuerza una realidad conocida por los cubanos: el Estado mantiene el desabastecimiento, la economía se hunde y el acceso a lo elemental termina atado al dinero que llegue desde el exterior.
La suspensión de estos envíos expone otra arista del fracaso del régimen. La falta de combustible no solo paraliza servicios, también profundiza la dependencia de los cubanos respecto a redes fuera del país para comer, asearse o conseguir medicamentos. Cada corte de este tipo deja al descubierto una administración incapaz de sostener ni siquiera el circuito que vive de vender escasez.

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