Cuba amaneció otra vez bajo los apagones y la misma incapacidad del régimen para sostener un servicio eléctrico mínimo. A las 6:00 de la mañana, la Unión Eléctrica reportó una disponibilidad de 1.380 MW frente a una demanda de 2.250 MW, lo que dejó una afectación inmediata de 906 MW. Para la media jornada, la propia entidad anticipó un déficit de 1.000 MW.
El parte confirma un sistema eléctrico hundido en la precariedad. El día anterior el servicio estuvo afectado durante las 24 horas y el pico de déficit llegó a 1.995 MW a las 6:40 de la tarde, por encima del pronóstico oficial. La caída estuvo asociada a la salida de la Unidad 1 de la CTE Santa Cruz y del emplazamiento Fuel Moa, dos piezas más de una red agotada y mal administrada.
La lista de averías y mantenimientos vuelve a mostrar la fragilidad del SEN. La UNE informó que cuatro unidades clave permanecen fuera de servicio en las termoeléctricas Mariel, Carlos Manuel de Céspedes, Felton y Antonio Maceo. A eso se suman trabajos de mantenimiento en dos bloques de Santa Cruz y Carlos Manuel de Céspedes, además de 625 MW fuera por limitaciones en la generación térmica. El país carga así con una capacidad real muy por debajo de sus necesidades.
La crisis se agrava por la falta de combustible y lubricantes, dos carencias que el régimen no logra resolver y que arrastran al sistema eléctrico a una caída todavía más profunda. La UNE reportó 95 centrales de generación distribuida fuera de servicio, con una afectación de 915 MW. También señaló 36 MW indisponibles en la patana de Melones y 46 MW fuera del sistema en la patana de Regla. Otros 155 MW quedaron comprometidos por falta de lubricante. En total, esos factores suman 1.152 MW de afectación.
Para el horario pico, la empresa espera la entrada de los motores de la patana de Regla, con 46 MW adicionales. Aun con ese aporte, la disponibilidad quedaría en 1.426 MW frente a una demanda máxima estimada en 3.150 MW, para un déficit de 1.724 MW. Si se mantienen las condiciones actuales, la afectación pronosticada subiría a 1.754 MW. La cifra retrata un país sometido a una oscuridad permanente mientras el aparato estatal sigue incapaz de dar respuestas reales.
La propaganda oficial intenta sostener el relato con la producción de los 37 nuevos parques solares fotovoltaicos, que entregaron 2.543 MWh y una máxima potencia de 563 MW durante el horario de la media. Ese volumen, sin embargo, apenas amortigua un derrumbe estructural que castiga a hogares, hospitales, centros de trabajo y servicios básicos en toda la isla.
La Habana también cargó con el golpe. La Empresa Eléctrica informó que el servicio estuvo afectado durante 12 horas y 45 minutos el día anterior, con una máxima afectación de 412 MW a las 6:20 de la tarde y un restablecimiento total a las 2:10 de la madrugada. La entidad reconoció además 110 MW de emergencia, una muestra más de la baja disponibilidad de la generación base y del incumplimiento de la programación anunciada.
Al cierre de la nota seguía afectado el bloque 3 por déficit, y la propia empresa advirtió que, si no mejoran las condiciones del SEN, será imposible cumplir con el programa previsto y volverán a caer más bloques y circuitos. La crisis eléctrica cubana ya no admite eufemismos: es el resultado directo del fracaso del régimen y de su control absoluto sobre un sector vital que mantiene al país en penumbra.

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