Cuba quedó fuera del Clásico Mundial de Canadá tras caer 7-2 ante el equipo norteamericano en el estadio Hiram Bithorn de San Juan, en una derrota que dejó al descubierto una cadena de errores físicos y mentales y cerró, por primera vez en la historia de estos torneos, el camino del Team Asere en la primera ronda.
El golpe es deportivo, pero también simbólico. La selección cubana, que llegó al juego decisivo con cambios en la alineación de Germán Mesa, terminó desarmada ante un rival que siempre había tropezado en la fase de grupos y que esta vez salió líder de la llave rumbo a los cuartos de final. Cuba, en cambio, se marchó temprano y sin respuestas.
Canadá abrió la pizarra en el tercer inning ante Liván Moinelo con dos sencillos de Tyler O’Neill y Abraham Toro, un passed ball del receptor Andrys Pérez y un elevado de sacrificio de Owen Cassie. Después, Toro volvió a castigar con jonrón ante Yariel Rodríguez en el quinto y dejó a la defensa cubana mirando la pelota pasar mientras el partido se inclinaba sin remedio.
La reacción cubana fue corta y apareció más por un error del rival que por una ofensiva sólida. Yoel Yanqui llegó a tercera por un viraje fallido del lanzador y luego anotó por un roletazo impulsador de Yoelkis Guibert. Pero en el sexto inning el juego se rompió de verdad: dos errores del segunda base Yiddi Cappe y de Andrys Pérez abrieron la puerta a un racimo de tres carreras que incluyó doble de Bo Naylor e hit de dos anotaciones de Otto López.
La imagen más dura de la tarde fue la del propio receptor cubano, sustituido por Mesa en medio de la entrada después de una actuación desastrosa detrás del plato. Ese desorden dice mucho más que una derrota aislada: habla de una pelota cubana cada vez más castigada por la improvisación, la presión y la mediocridad que el régimen vende como proyecto deportivo mientras el nivel real se le desmorona entre las manos.
Tras el partido, Mesa admitió que “de la forma en que se jugó hoy es muy difícil poder ganar un juego de pelota”. También reconoció que sacrificó defensa por ofensiva porque el equipo estaba bateando poco y aparecieron “errores inexplicables”. La respuesta, sin embargo, terminó siendo la misma receta de siempre: minimizar el desastre y prometer una evaluación futura sin tocar el fondo del problema.
Cuando se le preguntó por la necesidad de cambios radicales, el manager descartó esa vía y habló de “experiencia” para torneos venideros. Esa resignación resume bien el momento del béisbol cubano bajo el control del aparato oficial: mucho discurso, poca autocrítica y ninguna decisión de fondo capaz de sacar al país de su estancamiento.
El resultado deja a Canadá en la siguiente ronda, donde enfrentará a Estados Unidos en Houston, y a Cuba fuera de competencia antes de tiempo, una caída que pesa más allá del box score. En el béisbol, como en el resto de la vida cubana, el sistema sigue pidiendo paciencia mientras acumula fracasos visibles y normaliza el derrumbe.

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