Cuba cierra 2025 con un desplome del turismo

El turismo en Cuba terminó 2025 con una caída severa que vuelve a golpear las finanzas de la isla y deja expuesto el desgaste del régimen. El país recibió 1,8 millones de visitantes, muy lejos de la meta oficial de 2,6 millones y por debajo de los 2,2 millones alcanzados en 2024, de acuerdo con las cifras divulgadas por la Oficina Nacional de Estadística e Información.

La reducción fue de 17,8% interanual y confirma que uno de los principales motores de entrada de divisas sigue en retroceso. En una economía marcada por la escasez, los apagones prolongados y una crisis que ya acumula más de tres décadas, el derrumbe del turismo agrava la asfixia general del país y deja al descubierto la incapacidad del sistema para sostener su propia vitrina internacional.

Los mercados que históricamente han sostenido la actividad turística también cedieron con fuerza. Canadá cayó 12,4%; los cubanos residentes en el exterior, en su mayoría radicados en Estados Unidos, bajaron 22,6%; Rusia retrocedió 29%; y Alemania se desplomó 50,5%. La pérdida alcanza a emisores que durante años ayudaron a mantener viva una industria que hoy se deshilacha delante de todos.

El golpe ya se siente entre los cubanos que dependen de las rentas privadas y de pequeños negocios vinculados al sector. Raúl Bahamonde, dueño de dos casas de renta en La Habana, describió la situación como “súper mala” y dijo que redujo los precios en 75% para intentar conseguir reservas. En Viñales, Luis Orlando Deulofeu, dedicado al arrendamiento privado, aseguró que 2025 fue un año duro y que ya sufre cancelaciones de turistas estadounidenses que no quieren viajar a la isla.

Las alertas emitidas por varios países sobre los viajes a Cuba también empujan hacia abajo cualquier posibilidad de recuperación inmediata. Canadá, España y Reino Unido pidieron extremar precauciones, mientras Argentina recomendó evitar desplazamientos a la isla por las fallas en los servicios públicos y la escasez de suministros sanitarios. El mensaje internacional es devastador para La Habana: viajar a Cuba se ha convertido en una decisión marcada por el deterioro interno que el régimen no logra ocultar.

Pedro Monreal resumió el resultado con una frase seca en X: “se sabía que sucedería”. Su diagnóstico coincide con lo que muestran los números. El turismo cubano sigue cargando con la pandemia, con la presión de Estados Unidos y con una economía centralizada que no produce ni atrae confianza. A eso se suma la crisis del combustible, el recorte del suministro de petróleo venezolano y el aumento de la presión de Washington sobre quienes abastecen de crudo a Cuba.

En ese cuadro, el turismo deja de ser tabla de salvación y se convierte en otro termómetro del fracaso del régimen. La principal fuente de divisas se debilita, los negocios privados se hunden y el país queda cada vez más expuesto a una ruina que el poder insiste en administrar sin resolver.

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