Cuba arranca otro domingo con un déficit eléctrico de 1.658 MW

La Unión Eléctrica volvió a anticipar un domingo de apagones para Cuba, esta vez con una afectación estimada de 1.658 MW en el horario pico. La cifra confirma que el país sigue atrapado en una crisis eléctrica sin alivio inmediato, con la vida cotidiana subordinada otra vez al colapso del sistema.

La propia nota diaria de la UNE reconoció que el servicio se afectó durante las 24 horas del sábado por déficit de capacidad y que esa situación se mantuvo en la madrugada del domingo. En otras palabras, los cubanos amanecieron con la misma condena de siempre: cocinar a deshora, dormir sin corriente, trabajar a medias y organizar la jornada alrededor de un suministro que no responde.

El parte oficial detalla averías en la unidad 2 de la CTE Santa Cruz, la unidad 2 de Felton y las unidades 3, 5 y 6 de Antonio Maceo. También se reportan mantenimientos en la unidad 6 de Mariel, la unidad 5 de Nuevitas y la unidad 4 de Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos. A eso se suman 373 MW fuera de servicio por limitaciones en la generación térmica, una carga que retrata el deterioro acumulado de unas plantas agotadas y sin el mantenimiento que exige un sistema eléctrico serio.

Para el horario pico, la UNE calcula la entrada del emplazamiento de fuel Mariel con 106 MW, seis motores en la Patana de Regla con 49 MW, cinco motores de la Patana de Melones con 32 MW y tres motores de Fuel Moa con 45 MW. Con esa maniobra, la disponibilidad prevista sería de 1.472 MW frente a una demanda máxima de 3.100 MW. El propio organismo admite así un déficit de 1.628 MW y una afectación de 1.658 MW si nada cambia.

El sábado la máxima afectación llegó a 1.675 MW a las 7:10 de la noche. Los 51 parques fotovoltaicos aportaron 4.050 MWh y alcanzaron una potencia máxima de 823 MW en el horario del mediodía, una ayuda insuficiente para compensar la caída estructural del sistema. La radiografía es clara: el régimen sigue vendiendo parches mientras el país se hunde en una crisis energética crónica que golpea hogares, centros de trabajo, hospitales y cualquier intento de normalidad.

La responsabilidad política está a la vista. La suma de averías, mantenimientos eternos y limitaciones de generación revela un modelo incapaz de sostener el servicio eléctrico más básico. Cada nuevo parte de la UNE confirma que el régimen administra la escasez en lugar de resolverla, y que millones de cubanos siguen pagando el costo de una infraestructura rota y de una gestión que no ofrece salida real.

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