Cuba reporta la mayor incidencia de chikungunya en América

Cuba encabeza hoy la incidencia de chikungunya en América con 350,57 casos por cada 100 mil habitantes, una cifra que deja al descubierto la magnitud del brote que el régimen sigue manejando entre cifras parciales, admisiones tardías y un discurso sanitario cada vez más erosionado.

Según los datos que el propio régimen entregó a la Organización Panamericana de la Salud, la isla suma 38 mil 342 casos reportados de la enfermedad. A eso se añade la confirmación hecha por la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña, de que en un solo día de esta semana se detectaron 574 nuevos contagios.

El cuadro epidemiológico sigue agravándose con 4 mil 102 nuevos casos de síndrome febril inespecífico y 36 mil 667 personas ingresadas, la mayoría en sus hogares y sin un diagnóstico específico. La cifra refleja un sistema sanitario desbordado, incapaz de trazar con claridad el alcance real de la epidemia y obligado a reconocer, a cuentagotas, lo que durante semanas intentó minimizar.

El contraste con Brasil subraya la gravedad del descontrol en la isla. Aunque el país sudamericano acumula 240 mil casos, su tasa de incidencia es de 113,75 por cada 100 mil habitantes, muy por debajo de la cubana. En la práctica, Cuba triplica ese indicador y queda señalada como el peor foco del continente en este momento.

En la Mesa Redonda, la jefa del Centro de Diagnóstico del Instituto Pedro Kourí, María Guadalupe Guzmán Tirado, admitió además que en el país circulan 17 virus respiratorios. La investigadora María Eugenia Toledo Romaní fue más lejos al reconocer que no pueden pronosticar a largo plazo el comportamiento del chikungunya, porque se trata de la primera vez que la enfermedad alcanza en la isla una epidemia de gran magnitud y extensión.

La admisión llega después de que el régimen confirmara 33 muertes relacionadas con las arbovirosis, tras insistir durante semanas en negar fallecimientos. El reconocimiento tardío solo confirma lo que ciudadanos comunes vienen denunciando en redes sociales: muertes diarias, hospitales rebasados y una respuesta oficial que llega tarde, fragmentada y sin credibilidad.

El brote de chikungunya se ha convertido en otra radiografía del deterioro sanitario bajo el castrismo. Mientras el régimen intenta administrar el relato, la enfermedad avanza, la incertidumbre crece y la población sigue pagando el precio de un sistema que oculta, minimiza y reacciona cuando el daño ya está hecho.

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