La Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional volvió a colocar a Cuba entre los países donde persisten violaciones graves y sistemáticas contra la libertad de religión o creencias, según su informe anual de 2026 presentado en Washington. El señalamiento llega tras revisar lo ocurrido durante 2025 y mantiene a la isla en la lista de “Países de Especial Preocupación”, la categoría más severa prevista por la legislación estadounidense sobre este derecho.
El documento no deja espacio para maquillajes: describe un sistema legal diseñado para vigilar y controlar la actividad religiosa, con el Ministerio de Justicia como filtro obligatorio para el registro de organizaciones de fe a través de la Oficina de Asuntos Religiosos. Cuando el régimen decide negar ese reconocimiento, muchos grupos quedan expuestos a hostigamiento, vigilancia, interrogatorios y detenciones. En la Cuba oficial, la fe también pasa por la mordaza del Estado.
El informe incluye episodios que retratan bien ese control político sobre la vida espiritual. Menciona la desaparición temporal de un pastor que había llevado medicamentos a familiares de presos políticos del 11 de julio de 2021, las amenazas contra un babalao por realizar rituales en su casa y las detenciones repetidas de integrantes de las Damas de Blanco para impedirles asistir a misa dominical. La represión se mueve ahí donde el régimen detecta independencia, comunidad y cualquier espacio que no obedezca del todo a su agenda.
La comisión también recomienda ampliar sanciones contra funcionarios responsables de violaciones a la libertad religiosa y reforzar el apoyo a organizaciones de la sociedad civil que documentan estos abusos. Ese punto es clave porque confirma que la persecución en Cuba no se limita a la política partidista o a la calle: alcanza templos, casas particulares y expresiones de culto que el poder considera incómodas.
Mario Félix Lleonart, pastor evangélico y director del Instituto Patmos, dijo a Martí Noticias que la nueva inclusión de Cuba confirma la persistencia de la represión contra las comunidades religiosas en la isla. Recordó además que el Departamento de Estado toma este tipo de reportes como referencia para su propio informe y para sus recomendaciones país por país.
La advertencia del pastor también apunta a un presente cada vez más cerrado. Según expresó, en apenas dos meses de 2026 ya se habían acumulado numerosas violaciones contra grupos de fe, incluidas prácticas esotéricas y lectura de cartas, que también reciben acoso. La amplitud de ese cerco deja ver un rasgo esencial del régimen cubano: no tolera autonomía ni siquiera en el terreno íntimo de la conciencia.
El nuevo informe vuelve a dejar en evidencia una verdad incómoda para La Habana. Mientras el régimen habla de tolerancia y legalidad, sostiene una estructura de control que castiga a quienes creen, oran, se organizan o simplemente no se someten. La libertad religiosa en Cuba sigue atrapada en el mismo aparato represivo que persigue la disidencia, vigila a las familias y convierte cualquier forma de independencia civil en un problema de seguridad para el poder.
El informe anual de la Comisión de Libertad Religiosa de EEUU volvió a ubicar a Cuba entre los países con graves violaciones contra comunidades de fe.[7][

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