Cuba llega a 1.185 presos políticos y marca un récord represivo

Cuba cerró agosto de 2025 con 1.185 presos políticos y de conciencia, la cifra más alta registrada hasta ahora, según el informe más reciente de Prisoners Defenders. El dato confirma el avance de una represión que el régimen administra con cárcel, castigo y destierro contra quienes protestan o lo desafían de cualquier forma.

La organización con sede en Madrid documentó 13 nuevos ingresos a la lista durante el mes y cuatro bajas: tres por cumplimiento íntegro de sanción y una por expatriación forzosa, la de la activista Aymara Nieto Muñoz. Su salida de prisión terminó en deportación. La sacaron rumbo al aeropuerto sin permitirle despedirse de su hija mayor y la enviaron a República Dominicana junto a su esposo e hijas menores.

El acumulado desde el 1 de julio de 2021 hasta finales de agosto de 2025 asciende a 1.882 personas clasificadas como presos políticos en Cuba. Prisoners Defenders sostiene que casi todos son ciudadanos sin militancia política que acabaron tras las rejas por ejercer una protesta pacífica contra el régimen.

El informe también deja al descubierto el deterioro dentro de las cárceles. Hoy hay 472 prisioneros con patologías médicas graves y 41 con trastornos mentales severos sin tratamiento adecuado. En las prisiones cubanas, ese abandono médico se suma a una política de maltrato que empeora cada mes y convierte la custodia estatal en una condena adicional.

Entre los nuevos casos aparecen Adrián González Pérez, trabajador por cuenta propia de Guantánamo, arrestado después de protestar por una multa arbitraria, y Leonardo Maleta Veranes, joven huérfano detenido en Santiago de Cuba por escribir consignas en una escuela. Ambos reflejan la misma lógica: el régimen aplasta cualquier gesto de inconformidad, incluso cuando nace de reclamos elementales.

Otro expediente es el de Pavel Torres Rodríguez, detenido en Matanzas tras publicar críticas al Gobierno en Facebook. Lleva casi un año preso sin juicio y con irregularidades que su familia ha denunciado con insistencia, entre ellas coacciones, desaparición del expediente judicial y un deterioro marcado de su salud física y emocional.

En la prisión de Las Mangas Nuevas, en Bayamo, permanecen siete manifestantes pacíficos. Algunos han sido golpeados por agentes o por presos comunes usados como instrumento de intimidación. Alexander Guzmán Silva fue agredido después de exigir su visita familiar. Pedro Luis Zamora Isaac, Michael Vázquez González y otros reclusos también han sufrido golpizas, amenazas y detenciones prolongadas sin tutela judicial real.

El reporte agrega dos condenas a 10 años de prisión para Erisbel Álvarez Yanes y Yosbel Carbajal de la Paz, procesados por regresar en una embarcación desde Estados Unidos. Prisoners Defenders denuncia detención arbitraria, fabricación de cargos y un juicio usado como escarmiento ejemplarizante.

La represión también golpea a menores y mujeres. Al menos 33 de los 1.185 presos políticos fueron detenidos siendo menores de edad; 30 siguen cumpliendo condena y tres permanecen procesados sin supervisión judicial. Además, 122 mujeres continúan encarceladas por motivos políticos o de conciencia.

En la clasificación de la organización, 702 figuran como convictos de conciencia, 447 como condenados de conciencia y 36 como otros presos políticos. Más allá de las etiquetas, el retrato es el mismo: un sistema que fabrica delitos, niega garantías y usa la justicia como herramienta de control político.

Los datos de agosto coinciden con otras denuncias recientes sobre el estado de las prisiones cubanas. Informes publicados en julio reportaron 91 violaciones, incluidas 68 de derechos humanos y dos muertes bajo custodia estatal. Una de las víctimas fue Yan Carlos González, fallecido tras más de un mes en huelga de hambre.

En junio, otro reporte contabilizó 24 muertes bajo custodia estatal y 160 denuncias de tortura durante los primeros seis meses del año, entre ellas golpizas, negación deliberada de atención médica y tortura psicoemocional. Al menos 56 de esas víctimas eran presos por motivos políticos.

La exigencia de abrir las cárceles cubanas a observadores independientes sigue sin respuesta, mientras el régimen se refugia en el secreto, la violencia y el destierro. Agosto dejó un récord de presos políticos y una evidencia incontestable de la profundidad de la represión en la isla.

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