La Habana volvió a mover su maquinaria diplomática este lunes en la ONU, con el canciller Bruno Rodríguez al frente de una ofensiva internacional montada para buscar apoyos frente a la presión de Estados Unidos y la asfixia petrolera que tiene al país en emergencia total. El régimen llega a ese foro después de una gira por Vietnam, China, España, Rusia y Francia, sin resultados concretos que alivien de inmediato la crisis interna.
La jugada confirma la dependencia extrema de la isla del crudo externo y deja al desnudo la fragilidad de un modelo que no sostiene su propia economía. Washington cortó el flujo de petróleo desde Venezuela y amenazó con aranceles a quienes le suministren combustible a Cuba, una presión que el Gobierno de la isla presenta como asedio, pero que también expone hasta dónde ha llevado al país la ineficiencia, la ruina productiva y la subordinación política a aliados cada vez más limitados.
Para contener el golpe, La Habana activó un plan de contingencia y mandó a Rodríguez como “enviado especial” del Partido Comunista y del Gobierno. La gira buscó oxígeno en gobiernos amigos o cercanos, con reuniones de alto nivel en Hanoi, Pekín, Madrid, Moscú y París. Pero, por ahora, el saldo visible es escaso: solo España ha anunciado una ayuda humanitaria aún por concretar.
En Vietnam, primer tramo del recorrido, Rodríguez recibió gestos de respaldo de un socio tradicional. Allí habló con dirigentes de peso y escuchó promesas de apoyo “dentro de las capacidades” del país. También se informó que Vietnam sigue siendo el segundo socio comercial de Cuba y su principal inversor en Asia-Pacífico, además de haber enviado en los últimos meses miles de toneladas de arroz y una donación popular por 23,3 millones de dólares.
China apareció después como otro salvavidas imprescindible. En Pekín, el canciller cubano insistió en la “cooperación en todas las esferas” con una nación que ya aprobó una ayuda emergente de 80 millones de dólares y 60.000 toneladas de arroz. Ese dato habla por sí solo: mientras el régimen busca respaldo político en la ONU, también se aferra a donaciones de comida y financiamiento para sostener una crisis que golpea directamente a la población.
En Europa, la gira dejó contactos políticos, pero no una salida estructural. Rodríguez se reunió en Madrid con el ministro español de Exteriores y trasladó el interés de La Habana por reforzar el diálogo económico y la cooperación. Después pasó por Moscú, donde fue recibido por Serguéi Lavrov y por Vladímir Putin, quien calificó de inaceptables las sanciones de Washington y dejó abierta la discusión sobre una futura ayuda en petróleo. El Kremlin habló de “asociación estratégica”, pero evitó ofrecer detalles concretos.
Antes de presentarse ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el canciller cerró su recorrido en Francia con el mismo discurso de siempre: denunciar la escalada de amenazas de Estados Unidos y sus efectos sobre los “derechos fundamentales” del pueblo cubano. La contradicción es evidente. El régimen viaja por medio mundo a pedir auxilio mientras en la isla mantiene el control político, la escasez y el apagón cotidiano como parte del precio que pagan los cubanos por un sistema que no garantiza ni combustible, ni alimentos, ni estabilidad.
Rodríguez no viajó solo. Lo acompañaron, al menos en parte del trayecto, un vice primer ministro, el titular de Comercio Exterior y el viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y jefe del Estado Mayor. La presencia de altos mandos militares en una misión presentada como diplomática confirma el carácter político y de supervivencia de la operación: el régimen mezcla propaganda, búsqueda de financiamiento y respaldo externo para sostenerse en medio del derrumbe interno.

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