La muerte de un anciano en Cuba volvió a quedar marcada por la escasez hospitalaria después de que Yudy Rosello denunciara que su abuelo falleció sin recibir el tratamiento que necesitaba. Su testimonio, publicado en redes sociales junto a un video grabado tras el entierro, retrata una realidad que se repite en la Isla: enfermarse y no encontrar atención ni medicina a tiempo.
Rosello explicó que el hombre padecía chikungunya y después desarrolló una bronconeumonía bacteriana. Afirmó que esa condición podía tratarse con antibióticos, pero en Cuba no aparecieron los medicamentos necesarios. En un país donde el acceso a productos básicos se ha convertido en una carrera diaria, la falta de una medicina puede terminar definiendo quién sobrevive y quién no.
La joven relató además que durante días no lograron trasladarlo al hospital por falta de recursos. Cuando finalmente ingresó en estado crítico, ya no había camas disponibles ni condiciones adecuadas para atenderlo. “Apenas lo atendieron. Lo dejaron en el mismo sitio donde lo pusieron”, escribió. Poco después murió.
Su denuncia apunta directamente al derrumbe del sistema de salud y al régimen que lo ha mantenido en pie a fuerza de propaganda, carencias y promesas vacías. Cuando faltan antibióticos, insumos y espacio hospitalario, la atención deja de ser un derecho y se convierte en una lotería cruel, reservada para quien consiga ayuda, contactos o dinero en el mercado informal.
Rosello cargó el peso de esa tragedia en su mensaje: “No hay comida, no hay medicinas, no hay nada. Los niños se están muriendo de hambre y de enfermedades”. Su dolor no describe un caso aislado. Expone el costo humano de una crisis sanitaria que golpea a las familias cubanas en el momento más sensible: cuando un ser querido llega al hospital y no encuentra respuesta.
“Cuba la están matando”, dijo la joven, mientras insistía en que seguirá denunciando lo que considera injusticias contra el pueblo cubano. Su testimonio se sumó a otras reacciones en redes de personas que reconocieron escenas parecidas de escasez de medicamentos y abandono en los centros de salud del país.
La historia de este abuelo deja al descubierto una verdad que el régimen intenta maquillar: en Cuba, la falta de medicina ya no solo agrava la enfermedad, también decide finales que pudieron evitarse. Y cuando un hospital no puede atender una urgencia básica, la responsabilidad política no se diluye en excusas.

Sé el primero en comentar