Canadá: la embajada cubana vende normalidad turística mientras la isla sigue a oscuras

La embajada del régimen cubano en Canadá volvió a sacar a escena su propaganda turística con un video en el que Lessner Gómez Molina, director de la Oficina de Turismo de Cuba en ese país, asegura que el destino opera con “normalidad completa” y que el combustible para vuelos, traslados y excursiones “está asegurado”.

El mensaje salió dirigido a turoperadores y viajeros canadienses, el mercado emisor más importante para la isla, justo cuando la crisis energética y la escasez de combustible golpean a millones de cubanos. La pieza intentó vender estabilidad desde el exterior, pero terminó exponiendo con más crudeza el divorcio entre la vitrina turística y la vida real dentro del país.

Gómez Molina insistió en que “todo sigue igual” y en que existen reservas suficientes, incluso procedentes de “otros socios, como México”. Esa versión choca con lo que han reconocido las propias autoridades cubanas: falta de diésel para la generación distribuida, termoeléctricas colapsadas, equipos electrógenos y motores fuera de servicio, además de déficits que rondan los 2,000 MW en el horario pico.

En redes sociales, la reacción fue inmediata. Varios usuarios extranjeros defendieron la experiencia turística y repitieron el libreto de siempre sobre un destino “seguro”, “hermoso” y “económico”. Del lado cubano, las respuestas fueron mucho más duras y apuntaron al contraste esencial: hoteles con plantas propias y suministro garantizado frente a un país condenado a apagones de más de 12 horas, sin transporte, con escasez de alimentos y servicios básicos deshechos.

La prioridad del régimen quedó otra vez al desnudo. El combustible que aparece es el que sostiene la industria turística y sus escaparates, mientras el que necesita la población para trabajar, cocinar, moverse o simplemente sobrevivir sigue sin llegar. Esa es la lógica de privilegios que divide la isla entre enclaves iluminados y barrios hundidos en la penumbra.

El negocio tiene dueño y estructura. Los turistas canadienses representan cerca del 40 % de las llegadas a Cuba y sostienen una parte clave de los ingresos del régimen. Detrás de esa maquinaria está GAESA, el conglomerado militar que controla buena parte de la infraestructura hotelera, las cadenas turísticas y los flujos financieros del sector. La caja se protege; el pueblo se queda a oscuras.

La propaganda también recurre al deporte como adorno del relato oficial. El régimen volvió a exhibir a Mijaín López como rostro de promoción internacional, presentándolo en ferias y eventos como símbolo de “prestigio” y “normalidad”, mientras borra la crisis económica, el deterioro social y el control político que sostienen esa fachada.

Desde Canadá, la imagen que intenta proyectar el castrismo choca con lo que viven a diario los cubanos: ciudades enteras en penumbras, hospitales funcionando al límite, transporte paralizado y barrios hundidos en la oscuridad. La electricidad dejó de ser un servicio básico para convertirse en un privilegio administrado por el poder.

La advertencia de viaje emitida por Canadá confirma ese deterioro. Ese gobierno pidió a sus ciudadanos ejercer “un alto grado de precaución” al visitar Cuba por la crisis de suministros, los frecuentes apagones y el estado precario de los servicios básicos, incluso en zonas turísticas. Mientras la dictadura insiste en vender postal y tranquilidad, la isla real sigue atrapada en una emergencia que ningún video promocional puede tapar.

La supuesta normalidad turística es otra pieza del engaño oficial. Sirve para proteger ingresos, maquillar el colapso interno y sostener una maquinaria que beneficia a la cúpula mientras el cubano de a pie paga la factura con oscuridad, carencias y abandono.

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