Cuba raciona el combustible para aviones y agrava la crisis energética

La crisis energética en Cuba dio otro paso alarmante: el régimen avisó a las aerolíneas que ya no habrá combustible suficiente para repostar en nueve aeropuertos de la isla, incluido el José Martí de La Habana. La medida entra en vigor este martes y se extenderá hasta el 11 de marzo, en medio de una asfixia económica que sigue golpeando al país por todos los frentes.

El aviso confirma la magnitud del derrumbe energético que arrastra la isla. Ya no se trata solo de apagones interminables, escasez de gasolina o colas para conseguir transporte. Ahora el recorte alcanza un sector que Cuba ha usado durante años como vitrina y sostén financiero: el turismo. Limitar el suministro de jet fuel en aeropuertos golpea de frente a una economía dependiente de los vuelos internacionales y expone la fragilidad de un sistema que vive al borde del desabastecimiento permanente.

Las consecuencias comenzaron a sentirse de inmediato. Air Canada suspendió sus vuelos a la isla y otras aerolíneas anunciaron retrasos o escalas en República Dominicana antes de continuar hacia La Habana. Para las rutas largas, especialmente las que llegan desde Rusia y Canadá, la restricción complica todavía más la operación y obliga a buscar combustible adicional o desvíos en otros aeropuertos de la región.

Un piloto citado en el texto calificó de extraordinario el anuncio oficial, incluso para una isla acostumbrada a crisis repetidas. Recordó que hace más de una década se aplicaron recortes parecidos y los vuelos hacia Europa tuvieron que repostar en Nassau. La comparación deja claro hasta qué punto el régimen ha empujado al país hacia una precariedad energética crónica.

Mientras tanto, el aparato estatal sigue respondiendo con parches y recortes. Se redujeron los horarios de los bancos, se suspendieron eventos culturales y el transporte público en La Habana quedó prácticamente paralizado. También se reestructuró la temporada nacional de béisbol, se limitaron las salidas de trenes y se suspendió la Feria Internacional del Libro, una señal más de cómo la escasez desordena la vida nacional y aplasta cualquier apariencia de normalidad.

La gasolina, además, dejó de venderse en pesos cubanos en algunas distribuidoras y pasó a ofrecerse en dólares, con un límite de 20 litros por usuario. Esa decisión marca otro golpe directo al bolsillo de la población y refuerza la desigualdad dentro de un país donde el salario en moneda nacional ya no alcanza ni para sostener la movilidad más básica.

El propio Miguel Díaz-Canel reconoció en televisión que la situación es grave y anunció nuevas medidas. El mensaje llegó después de horas de apagones, cortes de transporte y desabastecimiento de alimentos y medicinas que muchos cubanos comparan con el Período Especial. La diferencia es que esta vez el régimen intenta administrar el derrumbe con más control y más restricciones, sin ofrecer una salida real.

Las sanciones de Estados Unidos llevan más de seis décadas y han pesado sobre la economía cubana, pero la crisis actual también exhibe el fracaso del modelo castrista, incapaz de sostener servicios básicos, garantizar combustible o proteger el funcionamiento normal de la vida diaria. La escasez ya no se limita a un sector: se ha convertido en el signo más visible de un país empobrecido y sometido a una administración que solo sabe racionar.

Acerca de Redacción 4173 Artículo
Publicamos noticias, crónicas y reportajes de actualidad cubana. Nos define la integridad periodística, la veracidad y la calidad de nuestra información.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta