Cuba respalda a Irán y carga contra EE.UU. e إسرائيل

El régimen cubano salió este sábado a respaldar a Irán y a condenar con dureza los ataques de Estados Unidos e Israel, en una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores que volvió a colocar a La Habana del lado de sus aliados autoritarios mientras exige al Consejo de Seguridad de la ONU que actúe para “mantener la paz”.

La reacción oficial llega en medio de la escalada militar que, según Washington, dejó fuera de combate al líder supremo iraní, Ali Jameneí, y causó daños a infraestructuras políticas y militares clave. La cancillería cubana presentó esos bombardeos como una agresión deliberada contra la soberanía de Irán y los describió como una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional.

La Habana insistió en que los ataques boicotean los esfuerzos diplomáticos sobre la cuestión nuclear y ponen en peligro la estabilidad regional e internacional. También dijo sumarse a los llamados para detener de inmediato la ofensiva y evitar una escalada con “impredecibles consecuencias”, una frase que en boca del régimen cubano suena a rutina diplomática, pero en realidad encaja con su vieja apuesta por proteger a gobiernos que desafían a Occidente y sostienen su narrativa antiestadounidense.

El problema de fondo para Cuba es que esta postura no nace de una defensa abstracta del derecho internacional. Sale de una política exterior atada a sus alianzas ideológicas y a su necesidad de sobrevivencia política. Irán y Venezuela figuran entre los socios más cercanos de La Habana, mientras Washington ha endurecido la presión sobre la isla y le exige negociar al mismo tiempo que bloquea toda entrada de petróleo. En ese tablero, el régimen intenta presentarse como árbitro moral del orden mundial, aunque dentro del país no garantiza derechos básicos ni libertades elementales.

La declaración también llevó el caso al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General, a los que pidió movilizar a la comunidad internacional para restaurar la paz. Ese llamado repite el libreto habitual de una dictadura que invoca principios multilaterales fuera de Cuba mientras vive de la confrontación, el alineamiento con regímenes afines y el uso político de la diplomacia. La contradicción es evidente: exige respeto a la soberanía ajena mientras en la isla mantiene el control total sobre la vida pública y administra la crisis interna con censura, escasez y represión.

En la práctica, el pronunciamiento confirma una vez más la posición internacional de La Habana: defender a sus aliados, confrontar a Washington y refugiarse en el lenguaje solemne de la paz para ocultar la dependencia política que la sostiene. Para los cubanos, esa retórica no cambia lo esencial. El régimen sigue apostando por la propaganda exterior mientras el país sigue atrapado en su derrumbe económico y su aislamiento político.

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