El régimen cubano volvió a dejar al país a oscuras y ahora intenta presentar como alivio lo que en realidad es otro síntoma del derrumbe energético. Tras la caída parcial del Sistema Electroenergético Nacional en la zona occidental, que afectó a 3,5 millones de personas, la isla amaneció con un déficit de generación que llevará los apagones simultáneos hasta el 67% del territorio.
La reconexión del sistema no borra el cuadro de fondo: Cuba vive una crisis eléctrica prolongada, agravada desde mediados de 2024, con cortes diarios que en ocasiones superan las 20 horas y con cinco caídas totales del SEN en el último año, además de varias desconexiones parciales. La población carga con un servicio cada vez más inestable, mientras el aparato estatal insiste en administrar la penuria como si fuera normalidad.
La avería más reciente ocurrió en la madrugada de este miércoles, cuando falló una línea de transmisión entre dos de las principales termoeléctricas del occidente cubano. El golpe dejó sin servicio a cuatro provincias, incluida La Habana, y obligó a sacar de operación a las plantas de Santa Cruz y Mariel. Otras dos centrales, en el centro y el oriente, también quedaron desconectadas.
El resultado fue un colapso de grandes proporciones: cuatro de las siete centrales termoeléctricas del país quedaron fuera de servicio y, aunque tres lograron reincorporarse más de 15 horas después, la CTE Felton seguirá inactiva al menos 24 horas más. El director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas admitió en televisión estatal que el déficit continúa siendo “importante” y “elevado”.
Los números confirman la precariedad. Hasta las 20:00, la capacidad de generación era de 1.076 megavatios, frente a una demanda de 3.194, con una afectación estimada de 2.141 megavatios. Esa brecha resume el desastre de un sistema sostenido por termoeléctricas obsoletas, desgastadas por décadas de uso, falta de inversión y ausencia de mantenimiento real.
El apagón llega además después de varios días de déficit récord. Este lunes se registró el corte más extenso desde que existen boletines diarios, con más del 60% del país sin corriente de forma simultánea. La secuencia de colapsos deja al descubierto la fragilidad estructural de un sector que el régimen ha mantenido bajo control absoluto desde 1959, mientras la infraestructura se deshace y el país se hunde en la oscuridad.
Expertos independientes atribuyen la crisis a esa infrafinanciación crónica y calculan que harían falta entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para renovar el sistema. El régimen, incapaz de sostener su propia red eléctrica, culpa a las sanciones de una supuesta “asfixia energética” y admite al mismo tiempo la reducción de envíos de combustible desde Rusia, Venezuela y México.
La factura política y social ya está encima de los cubanos. Los apagones diarios golpean la economía, que se ha contraído un 11% en cinco años y volverá a cerrar en negativo, y alimentan el descontento en un país aplastado por la crisis. La luz escasea, la paciencia se agota y el régimen sigue sin ofrecer una salida real.

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