La Sociedad Interamericana de Prensa colocó a Cuba entre los países de más alta restricción para la libertad de expresión y la prensa en América, dentro de un deterioro regional que la organización calificó de alcance dramático. El dato golpea otra vez la imagen que intenta vender el régimen, porque confirma que en la isla el periodismo independiente sigue atrapado entre la censura, la presión estatal y el castigo político.
El Índice Chapultepec, elaborado por la SIP junto con investigadores de la Universidad Católica Andrés Bello, incluyó a Cuba en el grupo de ocho países con fuertes limitaciones a ese derecho, junto a Ecuador, Bolivia, Honduras, Perú, México, Haití y El Salvador. En el extremo opuesto, República Dominicana aparece como el único país del continente con plena libertad de expresión, mientras Venezuela y Nicaragua quedaron catalogadas como territorios sin libertad de expresión.
Para la SIP, el continente vivió uno de los peores años para el periodismo por la violencia ejercida y la impunidad en países como Cuba, Nicaragua, México, Honduras, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Colombia y Venezuela. El informe apunta a un patrón que los cubanos conocen bien: criminalización desde el poder, estigmatización pública contra voces críticas, presión financiera sobre medios independientes y ausencia de protección efectiva frente a los ataques.
En el caso cubano, el señalamiento vuelve a dejar al desnudo la responsabilidad del régimen, que ha convertido la libertad de prensa en una concesión vigilada y no en un derecho. La consecuencia no se limita a los reporteros perseguidos o empujados al exilio; alcanza a una sociedad obligada a vivir con información recortada, propaganda oficial y miedo a decir lo que piensa.
El índice también registró un deterioro en Estados Unidos tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, con una caída del cuarto al undécimo puesto y referencias a estigmatización contra espacios de periodismo crítico, además del despido de más de 500 empleados de la Voz de América. Pero el cuadro más duro sigue estando en los países donde el poder político, como en Cuba, usa el aparato del Estado para asfixiar la prensa y blindar su control sobre la verdad pública.

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