Estudiantes de Arquitectura de la CUJAE le escribieron a la rectora para اعتراضar la no renovación del contrato del profesor Abel Ernesto Tablada de la Torre y la negativa de la universidad a dejarlo seguir impartiendo clases como voluntario, sin salario. La carta, firmada por el Consejo de la FEU de la facultad, convierte un castigo administrativo en un caso abierto sobre censura, disciplina política y miedo dentro del campus.
La decisión contra Tablada llegó después de que el docente publicara en Facebook reflexiones críticas sobre la situación del país y del sistema universitario. Los estudiantes sostienen que la medida es desproporcionada y que no responde a su desempeño profesional, su capacidad pedagógica ni su conducta ética en el aula. En otras palabras, la universidad castigó una opinión personal con consecuencias laborales.
Ese es el punto de fondo. La CUJAE, como toda la educación superior cubana, queda retratada como un espacio donde el pensamiento crítico solo se tolera hasta que toca el nervio político. Cuando un profesor es separado por escribir en su perfil personal sobre temas de interés ciudadano, el mensaje que recibe la comunidad académica es claro: opinar cuesta.
La carta estudiantil también defiende una idea elemental que el régimen ha vaciado durante años: la universidad no puede limitarse a repetir contenidos técnicos mientras cercena el debate y la pluralidad. Los firmantes recuerdan que formar ingenieros y arquitectos sin criterio propio deja un país más pobre en ideas y más obediente frente al poder.
Tablada, además, había descrito en uno de sus textos las condiciones reales en que trabajan y estudian las universidades cubanas: apagones, problemas de transporte, salarios docentes de entre 10 y 15 dólares mensuales y carencias materiales que golpean a profesores y alumnos por igual. También alertó sobre el deterioro en la preparación de los nuevos estudiantes y la pérdida de equidad en el acceso y la permanencia en la educación superior.
La reacción no quedó encerrada en un expediente. Tras circular la carta, estudiantes y egresados expresaron apoyo en redes sociales con la etiqueta #ArquitecturaConTablada y calificaron de bochornosa la decisión de la dirección universitaria. En ese respaldo hay una señal política incómoda para el régimen: incluso dentro de una institución controlada por la estructura oficial, aparece resistencia cuando la sanción exhibe su carácter arbitrario.
La rectoría de la CUJAE no ha dado una respuesta pública. Ese silencio también dice mucho. En Cuba, cuando una universidad calla ante una sanción por razones ideológicas, termina confirmando que la obediencia pesa más que la formación y que la supuesta autonomía académica se somete al control político de siempre.

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