La Defensa Civil de Cuba movió este jueves a Holguín, Las Tunas y Guantánamo a fase recuperativa después del paso del huracán Melissa, mientras mantuvo a Santiago de Cuba y Granma en alarma. El extremo oriental sigue pagando la factura de un evento que golpeó con vientos fuertes, lluvias intensas y marejada ciclónica, y que dejó al aparato estatal obligado a administrar daños en vez de exhibir control.
El organismo dijo que esas tres provincias “no presentan una situación hidrológica compleja” y están en condiciones de iniciar la recuperación. También elogió la supuesta disciplina de las autoridades, los medios y la población durante la preparación y la respuesta al ciclón, el tipo de lenguaje oficial que intenta maquillar con elogios una realidad marcada por la fragilidad de viviendas, infraestructura básica y tierras agrícolas.
La propia Defensa Civil había llevado antes a Camagüey a la fase de normalidad, en una secuencia que deja a la vista cómo el régimen va bajando el nivel de alerta provincia por provincia, aunque el daño real todavía no se ha contabilizado públicamente. Las zonas del este estaban en alarma desde el lunes, cuando la amenaza del huracán ya imponía evacuaciones, resguardo y tensión en medio de la precariedad de siempre.
Melissa tocó tierra en Cuba en la madrugada del miércoles como huracán de categoría 3 y cruzó durante unas siete horas el extremo oriental de la isla. Hasta ahora, el Gobierno cubano no ha presentado una evaluación de daños, pero las inundaciones ya dejaron desperfectos importantes en viviendas, infraestructura básica y agricultura. Tampoco se han comunicado víctimas mortales.
El manejo oficial vuelve a seguir el libreto de la propaganda: primero la secuencia de fases, después los reconocimientos a la “disciplina” y, en un segundo plano, la magnitud del golpe real sobre un país castigado por la ruina material y la incapacidad del régimen para sostener servicios elementales frente a un desastre natural.

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