Déficit de 1,776 MW agrava los apagones en Cuba

El sistema eléctrico cubano volvió a hundirse este viernes en una crisis de generación que dejó al país con un déficit de 1,776 MW en la hora pico y apagones generalizados. La Unión Eléctrica informó que la demanda se disparó hasta 3,100 MW mientras la disponibilidad apenas llegó a 1,354 MW, una brecha que mantiene a millones de cubanos atrapados en cortes prolongados y cada vez más imprevisibles.

La caída no llegó por sorpresa. Durante la jornada anterior, el SEN ya había sufrido una afectación máxima de 1,867 MW a las 7:10 de la noche, por encima de lo planificado, después de que no entrara la unidad 2 de la termoeléctrica de Santa Cruz. Esa avería arrastró al país a otra madrugada de restricciones y volvió a confirmar que la red eléctrica depende de un sistema agotado, sin reserva real y con una capacidad de respuesta cada vez más limitada.

A las 6:00 de la mañana, la disponibilidad total del sistema era de 1,160 MW frente a una demanda de 2,150 MW, con 967 MW ya afectados. Para el mediodía se estimaba una afectación de 850 MW, una cifra que deja claro el tamaño del colapso y la distancia entre lo que la población necesita y lo que el aparato estatal puede sostener.

El parte de la UNE también detalla que cinco unidades de las termoeléctricas Mariel, Santa Cruz, Felton y Antonio Maceo seguían fuera de servicio por averías. A eso se sumaban tres bloques paralizados por mantenimiento en Mariel, Nuevitas y Carlos Manuel de Céspedes, además de 443 MW fuera del sistema por limitaciones en la generación térmica. El resultado es un esquema eléctrico permanentemente presionado, con más parches que soluciones.

Para el horario pico, el régimen esperaba incorporar 102 MW del emplazamiento Fuel Mariel, 48 MW de la patana de Regla y 44 MW de la patana de Melones. Ni así lograba cerrar la brecha. La proyección oficial dejaba un déficit de 1,746 MW y una afectación estimada de 1,776 MW, prueba de que el país vive atado a medidas de emergencia que apenas alivian unas horas el derrumbe estructural.

Ni siquiera los 51 parques fotovoltaicos recientes aportaron un respiro significativo. La generación solar alcanzó 4,513 MWh y una máxima potencia de 761 MW, insuficiente frente a la demanda que arrastra el país. El discurso oficial sobre la recuperación energética choca, otra vez, con la realidad de una infraestructura vieja, mal mantenida y sin capacidad para sostener el consumo básico de la población.

La Habana también cargó con su cuota de castigo. La Empresa Eléctrica de la capital reportó 15 horas y 12 minutos de interrupciones, con una máxima afectación de 345 MW a las 7:10 de la noche y 70 MW adicionales apagados por emergencia. Al cierre del reporte seguían afectados seis bloques con 233 MW, sin horario previsto para la recuperación total. En la práctica, la capital vive sometida a la misma incertidumbre que el resto del país, con la diferencia de que allí también se concentran hospitales, servicios y una vida cotidiana ya destrozada por la escasez.

Los apagones prolongados empujan a las familias a cocinar con leña, carbón o cualquier combustible que consigan, mientras la iluminación improvisada con velas dispara el riesgo de incendios. Ese costo lo paga la gente, no el régimen. La crisis eléctrica cubana refleja la quiebra de un modelo incapaz de invertir, mantener y organizar un sistema básico para un país que lleva demasiado tiempo sobreviviendo entre oscuridad, promesas vacías y parches de emergencia.

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