Cuba arrancó este 16 de febrero con apagones que no aflojaron durante toda la jornada anterior y que seguirán golpeando al país en el horario pico, según el parte oficial de la Unión Eléctrica. La propia entidad reconoció que el Sistema Eléctrico Nacional volvió a operar con un déficit de capacidad que ya llevó el máximo registro del domingo a 1.698 MW, una cifra que confirma la magnitud del colapso que vive la isla.
A las seis de la mañana, la disponibilidad del sistema era de 1.240 MW frente a una demanda de 1.915 MW. Eso dejó 710 MW afectados desde temprano, con una previsión de 850 MW para la media. En paralelo, la generación solar aportó 4.483 MWh desde los 50 nuevos parques fotovoltaicos, con una potencia máxima de 800 MW al mediodía, un alivio parcial que no alcanza para sostener el consumo de un país sometido a cortes continuos.
El parte también deja al desnudo el estado crítico de las termoeléctricas, que siguen arrastrando averías y mantenimientos acumulados. Están fuera de servicio la unidad 5 de Mariel, la unidad 2 de Santa Cruz, la unidad 2 de Felton y las unidades 5 y 6 de Renté. A eso se suman las unidades 6 de Mariel, 5 de Nuevitas y 4 de Cienfuegos en mantenimiento, además de 420 MW limitados por problemas en la generación térmica.
Para el pico nocturno, la UNE calcula que podrían entrar la patana de Regla con 59 MW, cinco motores en Moa con 70 MW y siete motores de fuel en Mariel con 105 MW. Incluso con esa suma, la disponibilidad llegaría apenas a 1.457 MW frente a una demanda estimada entre 3.130 y 3.180 MW. El déficit proyectado quedaría entre 1.673 y 1.723 MW, con afectaciones de hasta 1.753 MW en el momento más duro del día.
La fotografía que deja ese cálculo es la de un país atrapado en una crisis energética estructural, sostenida por termoeléctricas envejecidas, averías constantes y una dependencia cada vez mayor de soluciones de emergencia. Mientras el régimen intenta maquillar el desastre con parques solares y patanas temporales, millones de cubanos siguen pagando el precio de una infraestructura destruida por años de abandono, mala gestión y control político sin rendición de cuentas.

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